BOLETIN
DE LA
SOCIEDAD VENEZOLANA
DE
ESPELEOLOGIA
VoL 8 - Ní 15
Apartado 6621
Caracaa 101
Camca/s, abril de 1977
Catastro
En «o Sección sé ífin reuniendo todos ios dates de carácter morfológico, topográfico
y toponímico de las cuevas dr VenffisJucU-
los colaboradores deberán enviar a la dirección del BúIí'$Í% para, coda oieva, datos
«tactos de ubicación y un piano de levantamiento planimétrico y a I ti métrico elaborado
corno mínimo con k ajada de anta m¿ trica, brújula y cintuneEio.
Las cuevas serio numerada* independientemente para cada litado o Territorio* según
orden cronológico de publicación en «te Btrietf w„ y serán identificados en base a la si¬
guiente clave:
Am_
Territorio Federal Amazona*
Gu,
Estado Goíríco
Atl
=
Estado Anüúábtgm
La,
—
Estado Lara
Ap.
=
Estado Apure
Me-
Estado Mérida
Ar.
Estado Angua.
Mi,
=
Estado Miranda
Bá.
Estado Bacinas
Mo.
Estado Moragas
Bo.
“
Estado Bolívar
NE r
Estado Nuera Esparta
Ca.
Estado Caí abobo
Fo.
—
Estado Foiiogiifili
Cí>.
—
Estado Cojcdes
Su.
—
Estado Sacre
DA,
—
Territorio Federal Delta Amacum
Til
=
Estado Tirilla
DF.
—
Distrito Federal
Ti.
=
Estado Trujillo
Dp.
=
Dependetieíai Federales
Ya.
Estado Yaracny
Fa,
=
Estado Faltón
Zu.
=
Estado Zulla
Loe colaboradores serán responsables de Ez exActitud de los datos sumínisitados y el
material enviado, pan su publicación, quedad en propiedad de 1* Sociedad,
Todos los artículos de cite Boletín aparecen resumidos en Ja revista Speleoh^rcsl
Abstraed, de Ja Unión internacional de Espeleología y en Correal Tfiles trf Speteóíogf*
IngUtrrra.
Eos artículos de carl-ctrf biológico aparecen en d BiaJcitUtíti Ittf&rmatíon Íwíifí of
Bwktüal Abstracto y en el Boletín dd I tus ti futo Je Information Científica de la Academia
de Ciencias de Ja U,R,S-S-
Los artículos de arirter geológico apaieoen condensados en Bi frito rtajthy and Ittdtx
£?/ publicado por I* Geológica! Sodety of Araeri™ y producido por la American
Geologiod Inste Cute; así como en el Boletín del Instituto de Inf&nrtacídn O^jí/jw de la
Academia de Ciencias de Ea LLR.S.E. y en el Boletín ítiforrw&h'p de! Centro de Análisis
de informarión ^eoló^scn minera del Ministerio de Energía y Mina* de Venezuela.
Los arriadas relacionados con aspectos geoquímicos y mineralógicos aparecen en C&emi-
cal Afrstrdcts de la Oblo State Uütveraity,
Los artículos de caliente arqueológico y antropológico aparecen resumidos en Abátante
ht Afithrop¿iogy s del Departamento de Antropología del City College de New York y en
en el Informe Amtal del Instituto Panamericano de Geografía e Historia de la ÜEA h sec¬
cional Venamela,
BOLETIN
DE LA
SOCIEDAD VENEZOLANA
DE
ESPELEOLOGIA
Val. 8 - N* 1¡>
Apartado fiGSl
Caracas 101
Caracas, abril de 1077
LISTA DE LOS MIEMBROS DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA
DE ESPELEOLOGIA
Abril, 1977
ACTIVOS
TRGNCHONI, Juan A-
BORDON A., Orlos
TINOCO C-, Cirios
LINARES, Ornar J,
IJRBANI, Tranco
ENRECH L,j Fernando
EERERA, Miguel A.
ASO I, a Pedro
PEKEJhA, Jesús
RAYELO R, Qdoardü
PEREZ S., Efanciío?
BOSQUE fe,, Garlos
BORGES* Ernesío i\
SGARAMELLI, Eran*
HtiRKERA, Ríirnyci
PERHZ Ó"GREGORIO, Alfredo
MARTIN* Orlos A.
OR'i'IZ, Rúmulu J.
ESPARRAGOS A, Murín E.
BEMPOKAD, AíqaLcifO
ROJAS, José Luis
CO RRESEO -Y DIENTES
NAaotfJUiS
SORIANO, Pascua] J
AOEVPnO, Miguel
HORRAS, Luís
MEDINA, Morilla
CÁMEJÜ, Carlos
CORRESPONDIENTES
extranjeros
FENEUUN, Paul
jVION'IORIOL POUS, Joaquín
STRINATL Fierro
BALAZA Dcnes
ULLASTRE, Juan
CIGNA, Arrigo
NUfiEZ JIMENEZ, Antrnio
TRIMEÍr, Huhrtt
PAÑÍES, Vladirair
GEZE, Beraard.
RIVERO BE. ANCO, GltIos
GONZALEZ t)., Angel
GUERRERO G., J urge
KEJCZYNSKL Maíier
OWGHTDAN, Traían N-
COLABOKADQRJiS
SOHLAGETER H-, Eduardo
ARNAL M., Eduardo
PJGUEIRA, Lemúl
ROSENElERG, Hcrbert
PLANAS P- Gabriel
PANTCHEMtO L. f Gregorio
MILA DE LA ROCA* Federim
ORTEGA J., AngcJ
GONZALEZ Manuel
SANDOVAI^ Marcos A.
EDITORIAL
Llegamos a los EO anos. liemos editado L5 ejemplares de esta serie y rebasa¬
mos con creces jas premoniciones calladas de mochos que en otros casos tuvieron
razón. Sin embargo, en nuestro país* todavía es desconocida su existencia si la com¬
paramos con su reconocimiento internacional. A esta situación, estamos seguros*
contribuye el menguado númeíu de investigaciones de estas disciplinas* el carácter
especializado de su contenido y por último, el escaso interés general que todavía
existe en el país por la actividad científica,
1:1 Eoletín es más un aporte a k investigación fundamental que a k aplicada,
lo cu&J, en una nación terccrmundista que hace hincapié en ias ciencias tecnológicas
que ofrecen soluciones concretas a prohJemas muy definidos, constituye en alguna
forma un handicap en su contra.
Desde luego, no vamos a entrar en consideraciones acerca de la necesidad de
la investigación fundamental ni de Ja importancia de su papel en el desarrollo del
país* pues no se trata de justificar nuestra publicación, que ya por sus anos de apa¬
rición ha logrado rango ciudadano, sino de reconocer las contribuciones que ha
hecho en su campo.
Primeramente creemos que constituye un medio expresivo que garantiza la in¬
dependencia creadora del investigador y por consiguiente vega fértil para quienes
cultiven este interés. En día han hecho sus aportes nombres destacados, tanto del
país como del extranjero y a esto ha contribuido el que 'los resúmenes de los tra¬
bajos hayan alcanzado a tener una reproducción internacional respetable.
En el ámbito nacional cumple una función pedagógica aí contribuir con su
mensaje a estimular el interés por la Investigación por ello una parte considerable
de su tiraje se destina a ks bibliotecas de Jos principales liceos y universidades.
Aunque con la ayuda de conocidos profesionales,, hemos tenido que ser nues¬
tros propios "árbitros 11 a pesar del peligro que esto encierra por las oumpkcencias
y amiguismos que puede generar y que son tan comunes entre nosotros. Con hones¬
tidad hemos tratado de no caer en estos tratos y dejamos a los lectores que sean
nuestros fiscales.
4
19??. BOL. SOC. VÉMEZOLANA E5PEL. B U5)
A esías alturas, ya liemos tenido que ser M jueces" en la calificación de otros
trabajos que calibramos con los mismos parámetros que nos aplicamos a nosotros
mismos.
Nuestra meta ha buscado siempre emular la calidad de contenido y pre¬
sentación del número anterior y ésta, por lo menos, debería seguir siendo la que
se planteen los que continúen su pubbcadún y así al comentar en 1987 sus
veinte años* pueda hablarse de estos díelr primeros como una etapa ampliamente
superada,
El Editor
Bol. Soc. Venezolana ¡lipei S(15):5-15
Abril, 1977
ESPELEOLOGIA FISICA
ESPELEOTEMAS DE CALCITA (“LUBL1NITÁ”),
YESO Y DE MATERIALES DE GUANO,
CUEVA LA MILAGROSA, VENEZUELA
Por PtanLo Urbaüi
Dt-puítiimecilO de Espeleología Fínica
Sociedad Venezolana de Espeleología
Apartado 1, Caracas 101
Escuela de Geología y Alinas
Universidad Central de Yeneauehi
Apartado ^ÍJU2S> Guacos 1CM
{Recibido fw ¿977}
RESUMEN
En el estudio de las eSpeleutemrts de la Cueva la Milafírnsa, Eatadn Monadas, se deter¬
minaran las ¿siguientes especies minerales:
1) Calcita, variedad "luWlflita", formando espeleolemis de HSprcto de coliflor, cubricñ-'
cíu fWedeS y techo. Lrts formas están constituidas por un agregado de fibras de Calcita con
ángulos de extinción de 25 a .15 ¿nados, constituidas ü iu vt^ por minúsenlos cristales con
¡OS Ojea c pamidos entre SÍ pero en un patrón escalonado. Esta es La primera descripción de
[útil mita' en Ytnezuelar
2) Recubriendo Jas panedes de Jugares cercanos a colonias de murciélagos se encuen :
tran costras de un material de COlur negro y brillante, que resultó ser un material amorfo
rico en O, Ee h $h AJ y P,
i) También se enconrrarcm alg;inas efJoresccocias de yeso recubriendo paredes.,Se con¬
sidera que el adufre necesario procede de la tmdación de La pirita, que abunda en la roca
caja.
6
1977. BOL SOC. VENEZOLANA ESPEL. 3 [15]
ABSTRACT
T\re ípe leothcms study of La Milagrosa Cave, suite of Müm*#is, revea!* thc following
mineral species;
1) Cíldte, in it* v&rlety "lubimite”, iurrniüg caul if lowei--Lite deposita covertng the
eavc mof and CTalJ*, which are made up í>f an agreste OÍ Cdlcite [teedlts and liberS, with;
díinction imples froni 2S tü 53 c - The needley aie fürmed by caíate existáis wíth rheir c
Sücii parillel but stacked in s erbelow pattern. Thi& is rhe fií^r Yencuuelím report of
J ubi i ni te'\
2) Cüveting cave walls near hat cuLlunien a bLact material ínund, it h amorphous
and rLcti in Oa, Pe, SE, A! and P.
3} A ítrtf £>P*ujti eflorescenocH werc Fuund coveri.ng serme waUs. Tile Oxídatiüii of
abundant pyrite frOíU Lhe Wall rock SetrnS tu «tplain ibis ooirrence.
INTRODUCCION
La Cueva La Milagrosa está ubicada en el listado Monagos a 15,5 Km al NT
del caserío Mundo Nuevo, y a Ló Km al SE de ía unían de los limites de los era¬
dos Monagas, Sucre y AnzaáteguL Esta cueva está catalogada como una de las
cuevas grandes de Venezuela con 1,150 m-de desarrollo horizontal. La cueva posee
dos entradas bastante pequeñas que después de algunas galerías estrechas dan ac¬
ceso a otros más amplias y altas, La galería principal es descendente, con el piso
cubierto de gruesos espesores de travertino, en forma de coladas y gours. Final¬
mente, esta galería conecta con una galería que posee un pequeño río activo du¬
rante todo el año.
En la parte inicial de la galería principal hay varios sectores, tuyas paredes y
techo están recubiertos por espeleotemas con aspecto de coliflor (Fig. 1). En la
galería del río se encontraron eflorescencias de yeso cubriendo algunos sectores de
las paredes3 asimismo, se encontraron costras negras recubriendo coladas y asocia¬
das a lugares donde habitan colonias de murciélagos.
Las espeleotemas fueron estudiadas por técnicas petrográficas, difracción de
rayos X, microscopía electrónica de barrido y las composiciones fueron determina¬
das por absorción atómica y calorimetría. Estos métodos y las equipos empleados
ya se han descrito previamente (Urbani, 197ó).
La cueva está desarrollada a expensas de calizas negras bien estratificadas a
vetes concrecionadas y piríticas. Algunas secciones finas de estas rocas fueron
estudiadas por el doctor Max Furrer (Maraven, Caracas), clasificándolas como
calizas pelágicas-, ton matriz casi sumplctamaitc recristalizada, en la cna! se iden¬
tificaron foraminíferos planctónicos de los géneros Htdbergdltf y Hrterokdix de
probable edad Cretáceo Superior (Cenomaiuense-Turonieíise), perteneciente a la
Formación Que recua].
E5P,fcLEDTEMA5 DE CALCITA - ["LUBUNITA'^
7
1 7 l£, 1. A: Aspett n de Jas «pcLcotemai Mpo "cu liFJor'" cubrietlJo hi paredes det
SílIóiI C&'AtTnT.I lit la Cueva - La tniLagcOSa. B: Drialle de I as mismas espeLcúfietnaa.
Afithy de Ja ■F-nfugiaFís 65 rm
R
1977. 60E-. SO C VENEZOLANA ESPEL ft L1 -51
A continuación se describirán y discutirán los distintos tipos de cspeleotemas
encontradas.
ESPELEOTEMAS DE TIPO ' COLiFLOE
Estas formas solí de color blanco puro, que imparten gran claridad a la ga¬
lería donde se encuentran, cubren áreas de varias decenas de metros cuadrados y
espesor variable de pocos milímetros hasta 20 em (Fig. 1 ). Las espeíeotemas se
desarrollan en áreas donde las paredes están, ligeramente mojadas, Al tacto, las
espeíeotemas aparecen en su parte superficial muy blandas y casi pastosas al frotar¬
las entre los dedos. El grado de comparación de las espeíeotemas aumenta hacia
la parte interna.
Por difracción de rayos X estas espeíeotemas se identifican como constituidas
en su totalidad por calcita* del tipo de muy bajo contenido de magnesio, determi¬
nándose 0,25 mn] % de MgCO^ por el método de Goi.osmíTu ei al r (1955-2L5).
Por técnicas de microscopía electrónica de barrido (SEM) y microscopio petro¬
gráfico, usando máximos aumentos y con aceite de inmersión, se pudo determinar
que las cspeJeotemas están constituidas por un agregado de agujas de calcita suel¬
tas entre sí T con hasta un 9í) por ciento de espacios libres. Esta earocLerfsi ica es lo
que -le da el aspecto blando y pastoso ya mencionado. Hacía las partes interiores
de la espeleotcma el porcentaje de espacios libres disminuye, aumentando propor-
cionalmcntc el volumen ocupado por las fibras de calcita, I.as fibras tienen án¬
gulos de extinción máximos entre 25 y 3.5 D . Por lo pequeño de las fibras y Ja
alta birrefrígeoda no se pudo determinar si están orientados como Ia^go-rápido o
largo lento.
Se pueden distinguir tres tipos distintos de fibras, a saber:
Tipo 1
Con la resolución de los microscopios empleados, estas fibras aparecen como
agujas casi perfectas, rectas, translúcidas, con dimensiones de algunas pocas dece¬
nas de tuiciones de largo, por un diámetro casi constante de aproximadamente un
micrón. En la parte central de la figura 2-A aparece con claridad una de estas
fibras, Eei la figura 3 -B también se observan algunas agujas de este tipo, En ángu¬
lo de extinción es igual al ya mencionado.
Tipo 2
Las fibras de este tipo son más grandes Ionio en largo como en ancho o diá¬
metro, en esta última dimensión tienen un promedio de 3 micrones. Al micros^
copio petrográfico se ve que estas fibras están constituidas por un agregado de
cristales de calcita más o menos equidimcüsionales, agrupados de forma tal que
9
ESPEIÍOTEMAS DE CALCITA - ("LUBLINITA")
Fig. 2. Fotúj^rEfíuS ton micrúBHjpio polarizante lIc las agujas de íítkiLa
los ejes cristalográficos se mantienen paralelos, pero ligeramente desplatados en
un patrón escalonado (en tt&elon). En la figura 2 se observa este patrón* aunque
se nota las imperfecciones del crecimiento, lm Jas figuras 3-C y D de microscopio
electrónico de barrido se nota lo mismo, aunque acji.il las fibras se presentan mis
largas, ya que con el microscopio petrográfico usando aceite de inmersión, Jas fi¬
bras tienden a romperse con suma facilidad.
Tipo 3
Bajo este tipo se consideran algunas fibras que parecen una meada de las
dos anteriores, con un cristal acicular del tipo 1 en ci centro, rodeado de un borde
aserrado como d tipo 2. La figura 3-D se aproxima bastante a este tipo.
Disfusróí i
Las características do Las fibras mencionadas permite su identificación como
■'lublinita 1 ’* que en realidad do es más que una forma poco común de presentarse
Ja calcita,
"En 190ó la Hl iubJímtá M se consideró como un mineral distinto, con la locali¬
dad tipo de Lublin, Polonia, pero posteriormente se demostró que era una varie¬
dad especial de calcita, consistente de Agujas incoloras y fibras con ángulos de ex-
Linciód entre 30 a 30^. Más recientemente* Stoofs (1'97ú), en sus estudios con
microscopio electrónico de barrido, encontró que las agujas y fibras de calcita co¬
nocidas como "hiblinita.”, consisten de cristales individuales pequeños de calcita,
con Jos ejes c pAralelos, pero agrupados cu ecbelon. Este hallazgo resuelve el pro-
10
1977. BOL. $OC, VENEZOLANA ESPEL. £ (1 5}
Rg- ?■ Fot<Jí;rafIai SEM Je las es pelen Lemas Je calcita tipo "colifloi".
A: jí II, B: i 65 r C.: x *20, D: y 1850
ESRELFGTEMAS DE CALCITA - j ,, LJUELINITA' n ]
11
blcma de los ángulos de extinción que no se habían explicado en su totalidad pre¬
viamente. La muestra estudiada por Stoops también proviene de mu espeJeotema
tipo '‘-coliflor”, del techo de una cueva de la localidad de Hollanta, Anatnlia
central, Turquía,
El hallarlo de Jas espdeotetms de la cueva La Milagrosa, a pesar de ser de
una región geográfica tan distinta, confirman en su totalidad las observaciones y
conclusiones de Stoops (sup, cit.). En nuestro taso, quedaría por explicar la di¬
ferencia cid re las fibras del tipo L y 2. For el aspecto de las finas agujas del
tipo 1, ertenKtt que estas hayan sido lo primero en cristalizar en forma de
aragonito, recristalizando posteriormente a calcita. Debido al ángulo de extinción
inclinado de estas agujas, se cree que Ja calcita que lo forma también esté en un
patrón escalonado, pero a una escala tau pequeña fuera del poder de resolución de
los instrumentos empleados,
Las fibras del tipo 2 serían fibras del tipo 1 totalmente retris talizadas a cal¬
cita, con sobrecrccimicntos que trascienden los límites del cristal original de arago-
nito. En este caso, estos eventos borrarían Ja evidencia de la existencia de ia aguja
original de angonito.
El tipo 3 sería un caso intermedio donde aún se observa la forma de ia aguja
original, aunque totalmente recristalizaJa a calcita, con sobrecrtcimiento parcial
sin recubrir totalmente la aguja original.
Harman Dercü (L97Ú), en su detallado estudio de depósitos blandos
de cuevas (”soft sinter M ) lograron demostrar la existencia de calcita acicular
formada a partir de aragonito.
La tabla 1 presenta análisis químicos parciales de las «pclcotcmas en discu¬
sión (Muestra 1), estos están acordes erm las observaciones petrográficas de ser
una calcita sumamente pura, con cantidades minoritaria-^ de MgO > Na^O y K £ Ü.
Este tipo de espeleotemas se forman en lugares donde las aguas cargadas de
CaCO, están fluyendo a velocidades muy bajas, denominadas por algunos autores
como aguas de exudación.
ESFELEOTEMAS PROVENIENTES DE GUANO DE MURCIELAGO
En varios sectores de la galería dd río» y por debajo de las cavidades dnnde
habitan numtrosas colonias de murciélagos, se observan espacios de paredes cu¬
biertas por costras de un material negro brillante evidentemente formado a partir
de materiales del guano de murciélago. Las capas son de hasta 4 inm de espesor y
siguen Ja forma general de la superficie del traverfíno subyacente. La superficie del
material negro puede aparecer de aspecto botroidal (Fig. 4}. A veces este mineral
aparece erosionado y parcialmente cubierto por finas capas de calcita. Esta muestra
12
1977. BOL. 5ÜC. VENEZOLANA E5PEL. B |15]
Fi g, 4 , Aspecto las cSpdtOtemas de íHuterkles de guano. N'úte&e el as¬
pecto parcialmente butroidal. La parte inferior de A presenta un rtcubd miento
de calcita (blanca), x l n S
it ünaiiiíó químicamente (tabk I, muestra 2), resultando en concentraciones bas¬
tante elevadas de Ca h l í e > Sí, Al y P,
Estas espeleotemas al ser «caminadas ton microscopio electrónico de barrido*
en algunos lugares aparece con un aspecto estratificado (f’ig. 5-A), que concuerda
con algunas pequeñas capas observables con lente de mano. Otras partes más uni¬
formes de i a muestra no presentan características distintivas, aunque con fractura
aJgo concoidea típica de materiales Lsotrcpicos (l T ig. 5-B, C y D).
Tajóla i
<:t>MFOSJt:jc.)-V química de las muestras estucadas
MlffStVa 1
Maestra 2
Valores tn ■/£ en peso.
SK>,
0,00
9,30
Kc^Oyi hierro ruta] tumo Fe^O^
0,00
4,37
R.I. ; residuo disoluble con HC1 diluido.
Fe-,Oj
0,U^
12^7
no dítcrmimidu.
o.tt
tf,ló
P a O :¡ : analizado por colütimetrfa, otros óxidos
por A,A-
CuO
I3 d l 6
Nn s O
0,17
0 n 22
Las mueStrua fueron se^díis previjmeníe a
110 n C
0,11
0,34
i
p«o 4
—*
3,35
Analista: Carlos Scnt
E.f
4,1 <5
—
Muestra 1: Calcita: variedad "lublinitíC.
Muestra 2\ Material de ¿uílio.
ÍSPELEOTEMAS DÉ CALCITA . H"kUBUNITA"|
13
Hig. 3. Fotografías SE.V1 de Iris costras de material firtxcdencc de guano tlt murciélago
A y B: x 32, Cy D: t 2M1
1W7. BOL SOC. VENEZOLANA ESPÉL. 0 \\$)
14
La muestra se analizó por difracción de rayos X tanto con tubos de Cu como
de Fe, no obteniéndose ningún pico de difracción, apareciendo solamente una
línea base bastante alta y ruidosa,
Dist&stórt
"Los resultados de difracción de rayos X indican que el material estudiado
es completamente amorfo, contrariamente a lo que ocurre con materiales en aspectos
semejantes a éstt^ que proceden de la cueva del Guácharo (Mo. 1) que han
resultado constituidos de ¿patito, En general, la mineralogía de materiales con
procedencia del guano de murciélagos es muy compleja, como ya lo han indicado
varios autores, entre dios Bridge (1973). Por lo general se observan asociaciones
de materiales orgánicos que gradan a formas típicamente minerales, por la com¬
binación con diversos cationes como O, Fe, etc.
En el presente caso, el alto contenido de hierro podría explicarse por la
descomposición de la pirita, que abunda en la roca caja y el calcio, de la disolución
de la calcita,
V. J. Bridce (comunicación personal, L977) estudió por difracción de ra¬
yos X la muestra, calentada, sugiriendo la probable presencia de maghemita, posi¬
blemente debido a la alteración de goethita que podtía estar presente en la mites-
tra, También señala que en Australia Occidental, muchas costras similares a esta
en aspecto, han resultado estar constituidas por dahllita y aphth ¡tafite.
ESPELEOTEMAS DE YESO
El yeso se presenta como eflorescencias de un máximo de un par de milíme¬
tros de espesor cubriendo pequeñas prommencias de la roca. La colotacióa de las
capas de yeso va desde casi transparente a amarillo y en pocas ocasiones casi rojo,
por teñido de óxidos de Fe r En los lugares más meteorizados de la roca, el yeso
penetra en ella en Jas grietas, como pequeñas capas de hasta 2 mm de espesor.
Los cristales individuales de yeso son del orden de Ü,05 a 0^ trun,
DhtJMifStt
El origen del yeso de esta localidad lo explicamos por el mismo mecanismo
yá mencionado en Urbake (Lp7dr 13-14), según d cual la oxidación de ta pirita
suministraría el azufre que forma el ion sulfato, que mezclado con el calcio pre¬
sente en altas concentraciones en las aguas subterráneas, forma yeso en Tos lugares
con condiciones ambientales apropiadas.
AGRADECIMIENTOS
Se íi^radece a Ins miembros de la S.V.E., que paríiapsíon en Ja expedición a. la nrcvj
y en especial, ü Oírlos J. Naranjo y CarLog Üordói], pur Las tomus de la¿ fotü^ErtfínS de la
figura 1.
ES PELE OTIMAS. DE CALCITA - ("UDBL INDA")
15
Aí doctor Paul iVluLywelí, Je la Escuela de Mtliliifk >■ Citnoas Je los MaLetkles,
U.C.Y., por haber prestado la* fácilidades del rrucrrsiiüufMíl S.E.M., y al técnico I. Klihajis.
por \n roma lIc Jas fotografías de las figuras 2 y 5-
Al doctor P. J. ürid^e (Güverment Chemical Laboscitones, Western Austi'alrn) por
haber eicaminíido 3a muestra de materiales de ^uanu.
MflIlOGRAEtA
ííRlDOh. P. J. 197 $. "Guano minenUs from Murra-el-ck^yn Cave. WesLetn Australia”.
Mw. Aí¿tg., $9: 4(57-169,
GOLDSi-iri'H, J. R.\. D. L. GKAK O. I. JUENSUU. FJ55- rr Thc íkcllítcticc of msg-
nesium calcilts in notare". Gtvch. C&AtnnrÁ. 7:2l2-2M>.
HARMANj M. J. DEftCO. 1976. "K pnddematikre mineiaJÓ^ie a geüézy makkyoh
sintrov zo SLrtwcturirfcIt Jsskyir, Sim'gW&y Krai, CheousLovaqma* 1-1: dl-tíl.
íiTOOPS, G. J. 1976- "Oji tkc nature OÍ «JubliniLt# frOm HolLanta {lurkey) At?¿.
Afin., (51 (1-2): 172.
UREANI P. n l 7 . 1974. ‘ "Fp.snm i fci y tiewhidrita en Larvas venezolanas’ 1 . 3^1. Sor, Vfrítf-
mlana Esp?l. f Vlfí.
- 1976. "OptfJo, cukeduma y calcita cft la Cueva Jet Cerro Autana (Am. ll).
Territorio Federal Amponas, Venezuela”. Bbi. W. VenezotmnA /ú pei tl . ?(l4) : 129-H3.
Bol. Soc. Venezolana Espet., S(15);L7-25
Abril, 1977
BIOESPELEOLOGIA
SPELPOPHRYNUS BORDON1 NUEVA ESPECIE
DE AMBLIPIGIOS DE LA FAMILIA CHARONTIDAE,
EN UNA CUEVA DE VENEZUELA
(ARACHNIDA : AMBLIPYGY)
Por Odoardo lávelo Pérez
Departamento de Bioespdeoio^íii
Sociedad Venezolana de Espeleología
ApMtjéo 6621, Caracas JÚl
fRti.'hrdo en fobrera de 1977}
RESUMEN
Se describe Spehof/kf)nt¿s botdotti, nueva espedí de la familia Charooíidae, en base a
seis ejemplares. ELibita en li Cueva de Cerro Verde, alto tío Guasaie, en el Estado Zulifl,
Venezuela, Esta especio rc distingue de $. tronchonii por la ausencia total de njü-s, su menor
tatnino y la fotiud del esternón.
AB5TRACT
S^dmpkryimr hijfdoni, o, sp, (Churoritidae) h describa! from fhe Cerro Verde cave,
River Guisare, Zulia State, Venezuela^ This specie, the second oí the geuus, is supajeated
fíom 5- irflfii&oni} hy the total absenco oí eyes. smallct síec snd the shape of file sleimun-
INTRODUCCION
En el presente tCriEtajo, quinto de una serie sobre el estudio de la iirtropo-
fauna de Us cuevas de Venezuela, describirnos una nueva, especie del grupo de
ios AmbJípígics. Considerando a Spdtap&ryntis bordón* cotilo traglobio, eleva¬
mos a cuatro ‘el □ limero de especies troglobias de este grupo en América,
18
1*77. BOL 50C. VENEZOLANA É$PÉL, 0 J15)
La nueva espacíe está dedicada al señor Carlos Bordón^ miembro fundador
de la Sociedad Venezolana de Espeleología y recolector de los seis ejemplares
tipos durante Jas expediciones realizadas i las cabeceras del río Guasare en abril
de 15>73.
MATERIAL
Se estudiaron un total de seis ejemplares preservados en liquido y deposita¬
dos cu el Musco de Biología de la Sociedad Venezolana de Espeleología
(MBSVE) (Tabla 1).
FAMILIA CHARONTIDAE - Pocock
Sprieopbryntfj kordotti sp. uov.
Ilofotipo. Un macho adulto (MBSVE-OóGó) de ll d 7 mm de largo, de
la Qieva de Cerro Verde, distrito Maracaíbo* Estado Zulia, Venezuela, (SuuE’
DAü Venezolana dí- Espeleolocía, 1973), colectado por C Bordón el 18 de
abril de 1973- B1 ejemplar se muestra en la fig. 1,
Hipottigma. Ademas del hülotipo, cinco ejemplares de la misma nieva, que
corresponden a paratípos distribuidos asi: un macho adulto (MBSYE-0607), una
hembra adulta (MBSVE-06G5), un macho subadulto (MBSVE-flóOS), una hem¬
bra subadulta (MBSVE-0609) y una hembra juvenil (MBSVE-Ofílf)), todos co¬
lectados en la misma cueva y fecha,
r -DisIríbuciAtt. Hasta ahora, pareciera estar restringido a las cuevas Jd Alto
Guayare* Estado Zulia, Venezuela, aunque sólo se colectaron ejemplares en la
cueva de Cerro Verde (Zu. 3), pero es muy posible que habiten las otras cuevas
de esto vasto sistema subterríneo.
Descripción, Cefalotórax de forma acorazonada y color pardo roj i*o pálido*
cor doble borde lateral (Fig, 2), el borde más externo nace a la altura de lis
cosías de los pt di palpos y por dehajü del borde interno; estos bordes son lisos,
con algunos apéndices filiformes dispersos* siendo los de la región frontal los
más desarrollados y en núnitro de seis aproximadamente. Las depresiones sobre
tzí ceíalotórex son similares a Jas de otros amblipigíos; una central en la mitad
posterior que presenta dos ramificaciones laterales, dirigidas hacia atrás y próxi¬
mas ¡d borde posterior, otra muy marcada en la mitad anterior sobre eJ plano
medio, en el sitio de posición del tubérculo ocular de los ojos medios, el cual está
ausente. Existen otras depresiones aisladas a cada lado de la línea, media, en nú¬
mero de cuatro por lado; los ojos laterales también están ausentes y las áreas que
ocuparían aparecen junto con las áreas circundantes como dos amplias pratuberan-
5PELEOPHKYN US BORDONI NUtVA E5FÉC3 1
19
Fíg- Vi^ta dorsal del hülotipo de SpeieQpfiryxuj bordorti n. sp.
1*77. BOL. 50C. VENEZOLANA ESPEL B [1S\
20
Fig. 7. Detalle del cefalolbríix donde se observa Ja ausencia total de ojos
en $p£¿&&pbrp¡MJ n. ap.
SPELEOPHRYNUS BORDONI NUfVA ESPfCÍE 21
cías; la granulación es muy fina y regularmente distribuida, presentando también
algunos pelos dispersos* los rúales no se presentan en las depresiones.
Pedipdpos de color pardo amarillento más claro que el color del proscuna;
trocánter con dos caras frontales, la superior separada de la inferior por nna línea
de espinas, tubérculos y apéndices fil i formes; las espinas de esta linea son dos:
una central y una en el borde distal. La caía inferior es más pequeña y su limite
inferior es una fuerte espina de base muy ancha, la cual presenta apéndice fili¬
forme; y tubérculos espinosos (Figs. 3 a y 3 b),
lii fémur presenta una cara interna aplanada y una es lerna cilindrica. Ambas
caras se encuentran fina y regularmente granuladas, peto la externa presenta ma¬
yor número de apéndices filiformes; presenta la porción proxinna) más engrosada*
disminuyendo hacia la porción dista!, limitando las dos caras se encuentran dos
filas de'espinas; una dorsal y una ventral; k dorsal presenta dos espinas, siendo
k proximal la mis larga y la distul ia más pequeña. Entre el extremo próxima!
y la espina mayor se encuentran algunos tubérculos espinosos pequeños. La fila
ventral tiene dos espinas, siendo la proxímal siempre k mayor y la distaJ k me-
norj cercanos a la base de la espina mayor se encuentran algunos tubérculos es¬
pinosos (Figs. 3 a y 3 b).
La tibia presenta también dos caras: la plana (interna) y la cilindrica (ex¬
terna) ; se va ensanchando de la porción próxima! basta unos dos tercios de su
longitud donde comienza a estrecharse, pero el extremo distal es de mayor grosor
que el proximal. Ambas caras están limitadas también por dos líneas de espinas;
k dorsal presenta cuatro espinas. Partiendo del extremo proximal, la tercera es k
más larga y 4 cuarta y última la mis pequeña; la segunda mayor que la primera.
Entre las espinas se encuentran algunos apéndices filiformes largos sobre pequeños
tubérculos espinosos. En la fila ventral y subte la mitad distal existen solo dos
espinas, siendo la segunda k más larga. También ambas caras están finamente
granuladas y con mayor número de apéndices filiformes co la cara externa,
Uasitarso ligeramente aplanado dorsoventralmentc* haciéndose mis cilindrico
hacia k porción diskl; presenta dos espinas dorsales, siendo k distal k mayor
y casi doble en tamaño que k menor. En la parte ventral se encuentra una sola,
espina casi del mismo tamaño que la menor dorsal. Se encuentra finamente gra-
uukdo y la superficie externa con mayor número de apéndices filiformes.
El primer segmento de k garra es cilindrico, estrechándose notablemente ha¬
cia el extremo JisLal. Presenta dos espinas situadas en la región duisaL la más lar¬
ga en la parto media y la más corta en k parte proximal; en k región ventral se
encuentra una fila de pelos finos y cortos, los cuides están poco separados entre sí;
esta fila de pelos va desde el extremo proximal hasta, unas dos terceras partes.
T.os pelos en la parte media de la fila son más cortos que los de los extremos.
22
1977. BOL. 5ÜC VENEZOLANA E5FEL. £ (15)
l = j¡jb;. j Vi&w dorsal dd pt'dÉpaLpo. b. Vista centra] <kl pedipalpo, c. Esternón
SPELIOPHRYNUS BORDON I NUEVA ESPECIE
-23
En la superficie interna se epcuentta otra hilera de pelos muy pequeños y de
color blancuzco, que va desde la 'zona próxima! hasta un puco más de las dos ter¬
ceras partes 7 desde la zona ventral 2 la central. La granulación es menos definida
que en los segmentos anteriores.
El segundo segmento de la garra del palpó es mucho más corto que el pri¬
mero y es completamente liso.
Qutlicero® lisos; la base con algunos apéndices filiformes largos ert>la super¬
ficie dorsal; ventealrncntc presenta dos hileras compactas y longitudinales de pelos
finos y largos, las oíales llegan hasta el punto de unión con la uña del quclíocro.
La base presenta cuatro dientes; el superior tiene dos puntas, los dos siguientes son
aproximadamente iguales; el cuarto es el más largo y robusto; los tres primeros
están equidistantes, Li uña presenta también una hilera bastante compacta de pelos
en posición lateral. Sólo la ultima porción carece de pelos; internamente presenta
cinco dientes romos y muy cortos.
Patas Je color más tenue que el caparazón del cefalotóiax; el primer par con
el fémur más largo y delgado que las restantes con granulaciones finas y cinco
hileras longitudinales de apéndices filiformes. La tibia dividida en 2 $ segmentos,
y también con cinco hileras longitudinales de apéndices filiformes táctiles. El tarso
con poco más de 40 segmentos, los últimos con gran cantidad de apéndices fili¬
formes táctiles en forma do pincel. En el segundo par de patas, el fémur tiene
seis hileras longitudinales de apéndices filiformes cortos; la tibia bisegmentada*
también con las seis, hileras de apéndices filiformes; tarso tetrasegmentado, en sus
dos últimos segmentos los apéndices filiformes se encuentran dispersos, lin el ter¬
cer par de patas ti fémur es más. largo que el del segundo par ± presenta las seis
luleras de apéndices filiformes 7 la fina, granulación; la tibia bisegmentada y el
tarso tetrasegmentado, ambos con las seis típicas hileras de apéndices filiformes.
En el cuarto par, el fémur es un poco más corto que el del tercero; la tibia tetta-
segmentada, ambos segmentos con sus seis hileras de apéndices filiformes; los
tarsos tetrasegmentados y con sus seis hileras d¿ apéndices filiformes. Los tarsos
IT a TfT y TV con pulviílo y terminados en dos uñas.
Abdomen elíptico y aplanado; tergitos y esternitos arqueados y con dos de¬
presiones circulares a- caja lado de k línea media, presentao--iiíia granulación
muy fina 7 rdgíilaxmcnte distribuida^ en los bordes posteriores’^dejos tergjtos se
observan apéndices JilÜormes • pscáiefi; en los esteífniíos los íipérídices filiformes
se encuentran repartidos en. toda Ja superficie.
D/dgtfd. as* Esta nueva especie difiere de Sjf&Uo ph rynkj- 4ro n ib o ?í i i (Ha-
vi-lo* 1973) en su menor tamaño, por ia ausencia total de ojos^ tener diferencias
notables en la conformación del cefaíotórax (Fig. 4), tener dos espinas menos
en el fémur de loi palpos y en h forma del cstetpun.
Fí|'_ 4. a. Ofa]ütór¿i de Sptletfphrynm bardan i n, sp, b. üefs LoídiM* de Spdftphtynvs
íreffft&tfff//. C. Tiícobotriaa de Ja tibia IV de SprleephyyrtuS berdoni n. sp. d. Tiitúbatrias
de k tibia IV de Sptlecpbryfuts Itone bañil
£ PELEO RHRYNUS BORÜONI NUEVA ESPECIE
25
Usan Jo la tticobotriotaxia cotno sistema de diferenciación, se puede notar las
diferencias en k posición y número de las tricobotrias de las tibias IV pira ambas
especies.
TABLA J
SPELEOPHSYSUS BORDO NI SP. NOV,
(Medidas
expresadas en
milímetros)
N fl del Catálogo MB5YE
Oftüfí
0605
0607
úóua
06U9
U6I0
Seso
&
9
í
o
9
Ancho del CefaJotó/ütrt
3,4
5,6
5,6
4,4
33
3,6
Lar^o del CcfaloíArav
4,5
4,7
4 ? 6
3,8
3 : 5
3,i
Ecmui I
203
19.S
19,7
U.fl
9,7
7,6
fémur II
9,5
0 : 0
a ,a
7,<1
5,7
4 n 4
Fémur III
9,7
9 n 9
9,5
7,6
6,3
5,2
Fémur IV
9,1
0,9
8,6
7,2
5,9
4,3
Tibia i
2R,y
35,5
20,3
— 1,7
15 n 4
I2,S
Vihis íí
13,4
11 = 5
12,1
9,0
7,H
6,fi
Tibia Iií
l4 h 6
13.7
13,9
12,1
93
7,6
Tibia IV
12.6
15.4
13J
11,2
9,0
7,5
lémur del P^lipítlpo
4,5
4,3
3,2
2,7
2,3
Tibia del Pedipalpo
4,7
d,7
L4
3,4
2,7
2,3
Basicarso del Pedipalpí
2>5
2.5
2,1
i,y
1,4
U
Garra I
1,7
t,í
1,3
13
0,9
Garra 11
13
1,3
1,1
1,0
t>,s
M
HIÜJLÍÜGRAFIA
ELAYELO, O. 1975- "SpclCOphlyius trons-húnii, nuevn pinera y especie de Amblipí^íos
de la ftilmEiu OiaíDutidae, ti una nieva de Venezuela”. BaL Sor. Vsntzüland Eip#L r
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Bal- So¿r. Venezvldmi E$pe£ rf S(15):27-29
Abril, 1977
Cuntnbudúo N* 5 Jé Ja Expedición Espcieoi^ica
FoIaco.Yenezukna a la íneseta de
Sarisariñama, Venezuela, 197 6 r
LETIS ÑERO FEIGE, PARA LA MESETA
DE SARISARIÑAMA, ESTADO BOLÍVAR,
VENEZUELA
(NOCTUIDAE : OPH1DERÍNAE)
Por Rudolf Fcigc
Av. El Paseo 67
Los Rosales, Caraca- 104
{Reübrda ets £Í?riÍ ¿í? 1977)
En Ir expedición polaco-vcnesolana a las simas del Samariñama, se colectó
sobre la dma de la meseta 1111 lote de mariposas, de las cuales el señor C Bordón
envió no a donación a la colección de insectos de la Facultad de Agronomía de
la Universidad Central de Venezuela, en El Limón, Maracay, Edo. Aragua, y allí
fueron nominadas por d autor. La meseta k encuentra ca la¿ tabecem dd
río Caura, al suroeste del Edo. Bolívar, Venezuela (Soguea d VñHt \colana ue
Espeleología, 1976).
En el material colectado se encontraron seis especies diferentes (ver tabla 1 ) F
cinco de las cuales son frecuentes* pero sft colectaron seis ejemplares de La especie
recientemente descrita J-pí/j nfrv (F’eigp, 1975)* (Fig, 1 ). El holotipo es de la
misión de Givanayen en Ja Gran Sabana, el alotipo fue capturado en la carretera
Et Dorado-Santa Elena, en la Sierra do Lerna; ademas hay un poiatipo 9 en la
colecdóli del autor que provien** de la misión de Cavanayen; los tres ejemplares
fueron colectados por el Dr r Francisco Fernández Yépez en marzo de 19 Ó 6 y
todas las localidades se encuentran en el Estado Bolívar.
La Importancia de la presente nota es que amplía la distribución altitndinal
(hasta 1,400 m s.nm) y geográfica para Letii b ero.
During (lie recent Polish-Venczuelan expeditiem to the Sansariñanoa platean
severa! biLtterflics and moths were collected. The moutiUin ís located in thc Cama
2S
1 977 . BOL. SOC. VENEZOLANA E5FEL. & |1$J
riveCs hcadwaters area, South-Western Bolivar State, Venezuela (Sociedad Ve¬
nezolana de Espeleología, 197ú). Mr. Carlos Bordón donated part of the
cnllected materia!. to the musemvi of £he Agrnnomy Department, Universidad.
Central de Venezuela (Aragua State). Sutrh spedmens wcre examined by the
author,
Six different spedes were found ín the collected material (Table L). Five
of these are tommon spedes and the sixth one, the recently dwiiibed Let ?.r taro
(Feiee, 197^), was representrd by six individuáis (Fig, I). The hoiotype of
ibis spedes wa.s collected on the Cavanayen mission area in r 'Li tiran Sabana' h
and the allotype waF, captured nn the Lema Range along the Santa Elena-El Dora¬
do ruad, Theio is a paratype ( £ ) alio from Cavanayed kept at tltc íurthor’s
persona] collettioo. IT-jcsc last fbrec speeimens wcre collected in Mjarch 1966 by
Dr. Francisco Fernández YépeZ. So far, all know localitics for L. fiero are found
in Bolím State.
The finding of L. i?ero on the Sarisariímrm región extendí the elevation
range of the spedes up to 1300-1,400 mts. above sea levcl as well as íts geogra-
phíc range.
r L ' Fíje;, 1. Leiii jktú
LETIS ÑERO EEiGE, FAFLA LA MESETA DE SAfil&ARIÑAMA
TaíMJl 1
KSFEGJ1Ü COLECTADAS EN LA í-ÍESlETA SARISARÍIÑAMA
.N’- y .ít.tr?
2 3
3 3- r 1 S
1 3 y i -
i 3
i 3
3 3 y 3 9
Erper/e
I.Cíií Kopa Gucnco
[jcM.r atauda Gucnéc
Í.cfís bíifco Gwence
Lctis heriLia Sin II
LctÍR hypnois Hubncr
Ltrtia ntxu Eci^e
29
BIBLIOGRAFIA
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Venezuela". Bóí. Vsnezttla ííj^í/., 7(13): BíS-py.
Bal. Soc. Venezolana Espét., 9(15) :3I-37
Abril, 1977
ESPELEOLOGIA HISTORICA
APLICACION DEL METODO COLAGENO
EN EL FECHADO DE LAS LOCALIDADES
E SPELE O ARQUEOLOGICAS DE LA COSTA NORTE
DE MATANZAS
Por Ercüío Vento Canosa
Grupo Eapel enLüÉíiia] ''Garios de la Torre",
Girnui 9$ A Jilalan¡síi 3 h Cub^
Y
Remigio Quintero Segóv k
ínstirutQ ¡SJarional de Jovtst ¡¿aciones dei Azúcar,
OuA'ícin, U HüteníL-Cyha.
(Refiíttdo ék w oi'I^ntbre de 197&)
RESUMEN
Se aplica el método colágeno propuesto pui el «pedali&ta, mvjéticu I. G. Fidopl íchkri
para el FecItaJo de T^ataB ó^ns. Se elabora una tabla cronológica para eL norte de Matanzas
4 ue muestra a Ja ve^ la Cüírefdón del método para nuestras latitudes.
AB&TRACT
Coligen metliüd pic-posed buy russiím specialist L G. FidoplkbJcü i s applied £ut bone
rcmains dating, A t:h rano lógica I faMe <S elabfj rated for tbe northern pan of Matajiiías¡ h wieh
shows tbe meth&d correctoess for out latitudes.
INTRODUCCION
Uno de los capítulos más interesantes dentro del campo do la Arqueología
cubana es el que en el teinscurso de ios últimos años vienen escribiendo los con¬
tinuos hallazgos arqueológicos del norte de Matanzas,
32
1977. BÜL. 50O VíMÍZOLANA ESPEL. B <15>
Las repetidas exploraciones espeledógicas y arqueológicas que se han venido
sucediendo, nos han manifestado la riqueza de la región, que cuenta con mas de
170 sitios arqueológicos.
Una de las caiacteríslicas más imponentes de estos* es la escasa potencia es-
tratí gráfica que presentan y que, salvo excepciones, constituye el denominador
rnmún de todos eMos, con ]a consiguiente dificultad para el estableríuiicnto de
cronologías locales.
Este esquema se complica además por la coexistencia en el área de grupo*
culturales diferentes, en lo tocante a los complejos certifflíJtes y n& cerdmistds en
que se Ies clasifica; urgiendo por tanto la valoración cronológica más precisa antes
de acometer estudios más profundos.
Bn 1967, con la aparición del libro Ct&úficción Genfrifá de Ijj Cxewfj ¿í't
Cfíbd, de] Dr, Antonio Nuñez Jiménez, conocimos del método aplicado por el
Kig- 1. Mapa general dd área costera norte de la provincia de Malinas
APLICACION DEL METQDQ COLAGENO
33
especialista soviético I. G, Pidopjichko de Ja Academia de Ciencias de Ucrania
(citado por Nóñez Jiménez, 15*67),
Este método se basa en esencia en la relación existente entre el tiempo y ia
magnitud de la pérdida del colágeno, proteína msoJuble contenida en los huesos.
No obstante, advertía el citado investigador que las diferencias geográficas entre
la LHLSS y Cuba invalidaban e) uso de ias tablas propuestas para aquélla en otras
latitudes,
Interesados por la aplicariín de esla técnica en las latitudes de] áxpa del Ca¬
ribe, nos dimos a )a tarea de reproducido construyendo nuestra propia tabla de
valores.
Croemos que la reproducción de esta técnica por otros investigadores del
área caribeña y norte del continente suramexicaao puede constituir un valioso
auxiliar en problemas de fechado.
MATERIAL Y METODOS
Se escogieron fragmentos úseos humanos y animales, con predominio de los
primeros, procedentes de sitios arqueológicos del área costera norte, en una lon¬
gitud de 70 kms y hasta 5 kms hacia el sur, cubriendo por lo tanto un área apro¬
ximada de 350 kms*.
Los puntos escogidos constituyen los más característicos y ricos dentro de los
J73 con que cuenta ]a región hasta la fecha.
1. C.ueva "Los Pen-&s r \ donde se realiza el hallazgo de un entierro prima¬
rio de un ruño y on adulto que presenta deformación tabular oblicua JeJ cráneo,
y restos de cerámica.
2. Cueva "Las Camelas' 1 T que cuenta con un entierro mui tipie de más de
siete individuos, de ambos sexos, adultos y niños, acompañados Je cuatro ollas
de barro con motivos zoomorfos. B3 sitio se estudió en L9ó7 (RjvEro ef «/, 1972),
encontráudose en aquel entonces manifestaciones muy discretas de arte pictórico.
3. Solapa "Los Cristales", donde se descubre nn entierro primario de tres
individuos adultos y un niño, acompañados de restos de concha en grandes can¬
tidades.
4. Cueva "Los Cmtafes r % aledaña a la anterior, aparecen en superficie los
restos de dos adultos jóvenes. Los úJtimos trabajos en el Jugar detectaron frag¬
mentos de cerámica de muy tosca factura.
Las restantes localidades pertenecen al área, que va desde el Valle de Canimar
hasta h parte sur de la península de Hicacos (1/ig. 1). Comprende cinco es¬
peluncas :
34
1977l BOL SOC VENEZOLANA ESPEL. 6 (15>
5. tiieva. A T jrfe/', En 1969 se hallan los restas, muy removidos, de
dos individuos adultos acompañados de material de concha escaso.
6. Cuevas de ''Centellas", donde aparecen ua residuo muy vasto com¬
puesto principalmente por restos de concha y huesos animales y en otra cavidad,
a dos kilómetros de la anterior se descubren los restos de un adulto, casi en su¬
perficie, con ajuar de concha y huesos animales.
7. Caverna ' r PÍorertC¡&^, $ En lp53 se descubre uno de los hlás importantes
entierros secundarios del pais (Herrera & Rivero, 195-4), hoy uno de nuestros
clásicos y de frecuente cita en los trabajos que tratan sobre el grupo cultural a
que pertenecen. (Rivero, L9ó7).
3. tlavema tf Santa Caialitíd 1 , Sirvió de escenario en 1&Ó9 al lialkzgo de tm
esqueleto totalmente fosilizado por la acción intensa de Ja impregnación de car¬
bonato en lo Intimo deJ tejido óseo. Recientes trabajos en el lugar detectaron la
existencia de numerosos dibujos rupestres.
Con relación a la técnica dtr trabajo, l v ) se procedió a la aplicación de los
pasos planteados por Fidoplíchko, con especial interés en los posibles cambios de
la misma, y 2^) comparación de los resultados con los fechados obtenidos por medio
dei análisis del carbón 14, realizado en el Smitlisonian Instítution de Washington
para muestras del área del complejo de Caminar (Tabla N 1 ? 1) r
La técnica original descrita por Pidoplichko consiste en la selección de piezas
correspondientes a los períodos antropogénico y pliotcnu dd neógeno, suponien¬
do en las miaiüBS decto ccntftiido de colágena Es evidente que el margen que se
concede para la selección viene dado por la finalidad del proceso que resulta
eminentemente paleontológico.
Se escoge una muestra sólida y limpia, triturándose en mortero hasta tomar
la forma, de arena de grano medio y en este estado se deseca en estufa a 60 y C
durante 12 horas, para el i minar la humedad.
Luego, previa pesada, se coloca en un homo de Mufla a 300^' C durante una
hora. Una vez fría se pesa nuevamente con 0.001 g de precisión, calculándose el
llamado írtdh'e de mentidestenci¿t que se expresa por Ja. relación:
Peso de la muestra, antes de la incandescencia X lüt)
Peso perdido durante la incandescencia (dif. de peso)
Por nuestra, parte aplicamos el proceso original introduciendo las variacio¬
nes que a continuación se citan, que resultan de la experimentación previa con
equipos de marca, y calidad diferente:
APUCACION DEL METODO COLAGENO
35
L. Enfriamiento, previas pesadas ton desecadoras.
2. Uso de cápsulas de platino para la aceleración del enfriamiento,
3. Disminución del tiempo de secado en estufa de 12 a seis horas.
En total se maestrearon 51 piezas* cotejando los resultadas obtenidos espe¬
cialmente con piezas del mismo sitio y pata fragmentos de un mismo hueso.
RESULTADOS
Al comparar los resultados obtenidos por el método colágeno con los
del carbón 14, se encontró una correspondencia de óüü =b LOO años pata cada
100 unidades del valor índice.
Las diferencias de nuestra escala con respecto a la de la URÍiS, latitud de
Ucrania, son notables* como lo demuestra el ejemplo de que un índice 448 d cu
nuestra latitud* corresponde en h muestra a. un fechado de 2.40CV2.500 años,
mientras que para aquella se corresponde al período Musteriense (Würm I) ±
15.000 años aproximadamente.
El elimo mucho mis rápido en la magnitud de pérdida anual Je colágeno en
latitudes tropicales, hace posible la aplicación del método con Lines arqueológicos,
sí bien está limitado para cifras por debajo de 500 años* por la ya citada perma¬
nencia de sustancias orgánicas ajenas al proceso.
Atendiendo a estos particulares* el resultado del fechado para los sitios de la
costa norte de Matanzas, es el que se expresa en la Tabla I,
TABLA I
N v
Ittdhe
CWd#0B0
C. 14
Smilfoottfitn
1.
Los Fe^H
165
1350 ± 90 d.n.e.
1500-1350 dj.*.
2.
Lu Cazuelas
247
- 1350
■ 3-
Lu& Cristales 1
Usa
-J
600-Í00 d.u,e.
4.
Los Cristales J[
460
500 a,n.e.-700 a.n.e.
V.
Nidio
296
1000-S00 djuc.
6.
CenteElaí
403
1 d.n.e, - 100 a.íi.e.
7-
FlurÉnciii
546
900'a.JX.é. - 1300 a.n.e.
a.
Sania Catalina
600
1300 a.(Le. - 1700 a.n.e.
36
1977. BOL. SflC- VENEZOLANA EE,P£L. fi (15}
CONCLUSIONES
Atendiendo * los resultados obtenidos;, podemos afirmar que el método colá¬
geno es üti] para su aplicad™ en la investigación arqueológica en las latitudes
tropicales, siendo en k práctica sumamente económico y de requerimientos instru¬
mentales al alcance de cualquier institución.
El uso del método del carbón 14 presenta limitaciones considerables paca la
colecta del material (Evans & Mj-ísgers, 1965) e implica una compleja metodo¬
logía (Libby, J93d)* no obstante ser insustituible por sus posibilidades y el pres¬
tigio de que goia entre los especialistas (Oakley, 1961; MooRe;, 196-1).
El análisis de nuestros fechados permite establecer un horizonte de habita¬
ción humana desde el año 1300 al 1700 a.n,e. para ei norte de la provincia en el
área estudiada, cuyos caracteres corresponden al tipo no ceramista. Estos fechados
están prródmns a los obtenidos por la Academia Je Ciencias de Cuba en el sitio
''Cueva Funche" en Pinar del Río en el extremo occidental de la isla (Guarch,
1970) y guarda relación con los límites señalados para la desaparición de este
grupn cultural.
Los fechados para el Valle de Canimar fijan inicio de habitación hacia los
años 300 al 700 a, me. con caracteres trmsicionales y cuyas últimas expresiones
alcanzan del año 1300 al 1500. coincidiendo con la conquista,
AGRADECIMIEMIOS
Fvutstm mis sincero a^radtíirujstltij til Dr. Manuel RIyclo J* la Gil le, ptciíescr de
AnCropcilü^ia Je la Uníve^idad Je La Habana, quien revisó ks fe&nItJ.du$ y nos alentó a.
Jas eji vesicaciones. Al Dr Rtfmón Daca Mourc, Diretlor del MuSeu Arqueológico H, Mon-
ti uu" Je Ei Universidad de La Habana, por sus opiniones sobre las fechas. A los compañeros
del Laboratorio Provinnal Je Epidemiología Je Matanzas y Jcl Instituía Nfldonál de In-
VíítlgariüncJ Jel Azúcar, al prrcni tunos el UíO de SuS equipos.
BIBLIOGRAFÍA
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Abril, 1977
ALGUNAS CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE
LOS TRABAJOS ESPELEOLOGICOS REALIZADOS
EN EL AREA DEL CARIBE
Fot Miguel Ao^cl Per era
Departamento de Hi¿túrica
Sociedad Venezolana de EspeIcoLn^ía
Apuntado 6b2\, Carneas 1ÚL
y
Departamento de Arqueología y Etnografía
Instituto de Investigaciones Económica? y SwiaJcs
Universidad Central de Venezuela,
Caracas. 104
(Keri.bidí? ¿?¿ ¿■jjííí-o d¿ íy77J
rhsl;men
Los descubrimiento*; reatados en eJ iré* de] Caribe permiten afirmar lu e&istenda de
Tincóles eurttifaJa de importancia entre los pobladores de Venezuela de la tosía oriental y
delta del Orinoco y los de las Antillas Mayores, espeiiulmcutc para Ea épuea Nou-India_
El llSO de las cavernas por estos hombres nentudios qut, provenientes de tierna fimne h pobla¬
ron fas Antillas, fue importante y pana 1 05 estudiosos de las cultura íborlgenesi que se des¬
arrollaron en ellas, su estudio ha sido de ^rau utilidad en te restitución de ese pisado. E11
el balante que realizamos en este trabajo, se señala la impurUncia que Jos paraderos espe-
leoaicqueolégicní han tenido para determinar rasaos de importancia en el Paleo, Meso y
Neo Indio aiUilLi.no y venezolano.
Se toma en cuenta el uso dado a los paraderos y la cronología re bit i va conocida para
Cada uno de ellos.
AlímACr
Di^t'Overies Círried on the taribbean arta allows kj assert cnltaral Jinks nf irnpo rtance
betwtenü the popu latióos uf Venezuela’s east ™st, tbe Or mocos delta and the Greater
Antilles ane h mainJy fot the Neo India age. The use of caverna by theso neo indiíü men
which, comin^ from rtie continent, popukíed the AntÜles. waS important and itg undcrsbindin^
40
1977. BOL SGCL VENEZOLANA E5PEL. B (15)
has been oi ¿reat sjgüifká&L'G; for the siudkms ú£ aboriginal culturcR devdnpcd i : n thi9 ¡.uen
and has hdped na the past restitutinn, In the balance thaf we make iíl this paper, it k
poínied out the inpoctaact 1 the s^lei>aic¡hjeolu£kal sites have had fur detcrmLnjjiR rbarac-
teristics nf the Palco, Meso and Neo Indio of the AntitJcs and Yene¿uela.
It is considerad hereiu the use ¿iven tn the sites and thn rclativc chrnnology hnown
fui each of them.
INTRODUCCION
liste trabajo fue presentado en el Simposiuoi XXXV Aüiversado de la Socie¬
dad Espeleologian de Cuba, celebrado el mes de agosto di 1975 . Siendo que de
ese evento sólo fueron publicados los resúmenes de Jos trabajos enviados, se ob¬
tuvo el consentimiento de las autoridades organizadoras del encuentro pata que
fuera publicado en esta revista.
Al hablar del área del Oribe nos referimos al gran arco que describen las
Antillas, Mayores y Menores, en unión a uiia vasta paite de la costa Oriental y
Central de Venezuela y que representa la porción continental del área. Esta deli¬
mitación tomada de Rouse & Allaire (1972) d excluye las islas próximas a Co¬
lombia y Centro América (Arca Intermedia) y los Cayos de la península de La
Florida que integran la región Oriental norteamericana.
T,a amplia Gidcna de islas que forman este arco, constituyeron excelentes
puntos para importantes movimientos migratorios dados en diferentes épocas
(Cruxent & Rolse, 1969),
El conocimiento disponible- al momento* emparienta, estilística y cronológica¬
mente* algunos aspectos de la cultura material de grupos venezolanos con otros lo¬
calizados en muchas de las islas del arco antillano.
En este trabajo centraremos nuestra atención n de manera sumarial, a los ha¬
llazgos e investigaciones de carácter e sp d e o arqueol ógi c l o efectuados u nica rúente en
las Antillas Mayores o sea, tuba. La Hispaniola (República Dominicana y Haití) „
Jamaica y Puerto Rico, por ser en ellas donde mayor número de trabajos se han
realizado y en donde estas relaciones culturales son más dsseutídas-
SINOM1S DEL POBLAMIENTÜ ANTILLANO
Pena Peña (1971) aborda el problema del pobl amiento en forma global
desde el Palco Indio temprano basta k época Neo India.
Epoca Ptifco India. Fu la República Dominicana se remonta desde eí 3500 al
3000 AC en el yacimiento de Casimira, y desde el 2610 + 8fl a) 2190 rt L30
en Mordán, según diferentes muestras (Cruxent & Rouse, 19é>9: 46).
LOS TRABAJOS ESPELEOLOGICOS EN EL AREA DEL CARIBE
41
En Cuba, esta, fase Paleo India o Preagroalfarera, se remonta hasta eJ
5140 zL 170 A,P. (3190 antes de nuestra en) (Tapio aí. f 1974) según ha¬
llazgo hecho en un abrigo rocoso de los farallones ele] río Levisa y ^ue parece
ser el paradero arqueológico más antiguo de las Antillas, a criterio de los mismos
autores. Este descubrimiento se sucia, al hecho en li Cueva Funche que por sí,
hizo retroceder las fechas que se tenían para el preagroalfareíti temprano hasta
4000 ± 150 A.P. (2050 antes de nuestra era).
Para el Palco Indio tardío, el único complejo conocido lo constituye Cabaret
en la República de Haití, con una cronología entre el 2000 al S00 A.C (Cru-
xent & ftousi-, op. c/í.j 47).
La expresión cultural mejor conocida de esta época, es el grupo Ciboncy de
recolectores* cazadores y pescadores.
Los Ciboney, menos desaxroUados que los Ararwakos, dejaron numerosos ves-
ligios de su poblamiento en cuevas y abrigo* rocosos, (Alona Franoi, 1965:
■l&4) t en lugares próximos a ríos* costas y lagos.
Sobro la procedencia de esta capa pobladora Palco India, las evidencias es¬
tudiadas permiten descartar la posibilidad de un origen continental sudamericano
y así Cruxent & Kousa (1969: 49-50} plantean como factible que la península
de La Florida haya sido el punto de procedencia del cumpitjo Guayabo Blanco de
Cuba y Centro America, el correspondiente para el complejo Casimira de la
Hispaniola.
Epoca Ai eso India: Dentro de esta época, Pina Peña (1971; lóp) señala
los complejos de Couti e lie a Vache en Haití; Cueva de Loiza y María la Cruz
en Puerto Rico y Cayo Redondo en Cuba, con una cronología regular que abarca
desde el 5C0 A,C. cu Cueva Loiza, hasta 1500 D.C. en lie a Vache.
Acerca del Meso Indio antillano* CiurXENT & Rouse {&p r dí. } 45) plantean
ht posibilidad de que sea un producto del - desarrollo cultural de los primitivos po-
blamientos paleoindios asentados en las Antillas Mayores; no así en el caso de
las Pequeñas Antillas, que posiblemente proceda de Venezuela,
Epoca Neo ¡jodia: Este período que parece iniciarse alrededor del año 700
de nuestra era (Pina Peña, l£7l: 172), marca la llegada de grupos arawako*
de procedencia sudamericana. Al arribo de éstos, las poblaciones pre-ccránikas
mesoindias existentes, no desaparecieron totalmente sino que, algunas comunida¬
des sobrevivieron hasta la época del descubrimiento de América (Ibidcm, 170).
Estos nuevos pobladores conocedores de la agricultura y la cerámica son los lla¬
mados en Cuba Tainos y Subtaínos (Tabio & Guablch, ^966: 79).
Con posterioridad a este poblamicotu ^ra^vaco* y en fechas próximas al'descu¬
brimiento de América, se estaba produciendo en las Antillas Menores un nuevo
42
1*77. BOL SOCL VENEZ0U1MA E5PEL. 0 \í$)
flujo migratorio también originario de las costas y Guayana venezolana, pero esta
vez de Caribes que provocaron, en algunas pequeñas islas, el desplazamiento de
Jos arawakos residentes (Mattioni, 1972: JO y Pina Fkña, 1971: 16$),
LA BSPELEOARQUEOLOGIA EN EL AREA DEL CARIBE
La espcIeaarqueologÍA en nuestros países nunca fue una disciplina sistemá¬
tica con personal profesional dedicado mayormente a ella, .sino una actividad ac¬
cidental que se asumía según el momento. Con el empuje que en los últimos años
lia tenido la Espeleología en el continente de habla hispana, países como Cuba,
en mayor magnitud, y Venezuela desarrollan, por primera vez, actividades siste¬
máticas en el campo de la Arqueología hipogea. Poco sabemos sobre actividades
similares en ia Hispaniola, Jamaica y Puerto Rito, aunque en República Domini¬
cana se han realizado numerosos sondeos y excavaciones en diferentes zonas
cársicas.
A los efectos de poder visualizar con mayor precisión la magnitud y signi¬
ficación global de la actividad espelenarqueológica en el área de) Caribe, hemos
elaborado algunos cuadros comparativos que agrupan información correspondiente
al uso dado a Jas cavidades, a la datadún cronológica conocida de los hallazgos
y a su ubicación geográfica.
Fj cuadro N* 1- erpresa tí número total de paraderos reportados por países
según su uso y que dividimos en cuatro tipos diferentes; lugares de habitación
(sitios periódicos de habitación, establecimientos temporales y residuarios alimen¬
ticios), necrópolis (osarios), santuarios (centros ceremoniales, paraderos con pe-
troglifos y/o pictografías) y yacimientos de múltiples usos, constituí dos por aque-
líos lugares en donde las evidencias permiten pensar que la cavidad tuvo varios
usos diferentes en la misma o en diferentes épocas.
Cftba: (ver Cuadro N y 1), La obra de Tabio (1970) constituye el primer
catálogo sobre Arqueología cspeleológica de Cuba y reseña todos los trabajos
realizados en ese país desde mediador del siglo \\x liaste fechas recientes. El to¬
tal de 123 localidades anotadas por el autor, muestra Lt importancia que las caver¬
nas tuvieron para los primeros pobladores de este país. Su uso como lugares de
enterramiento u osarios ocupa el primer lugar de importancia junto a ios lugares de
habitación.
Rivtao w la Calle, eL nL, (1972: ó9) nos señalan, que las cuevas fueron
utilizadas por los grupos Tainos y Subtainos como lugares fundameri talúdente
funerarios; habiéndose encontrado ciaras evidencias de rituales funerarios en en¬
terramientos múltiples, como en la cueva de Las Cazuelas (Jbidem, 79). Dentro de
las cavidades consideradas como santuarios* las pictografías localizadas en la cueva
UQ5 TRABAJOS ÉSPBLEQIOGI COS EN EL AREA DEL CARIBE
43
1 de Punta del Este representan las más importantes Je las Antillas (Musido
Antropológico Montaní, 197D- 3).
iííptfé/ifd En el recuento de BoYRir: Moya (1960) se resumen
numerosos trabajos de excavarión y recolección* que permiten señalar tendencias
porcentuales similares a las señaladas para Cuba, Es de destacar el zemi de algo¬
dón encontrado en una caverna al norte de San Cristóbal (Vega, 1971-72) y el
uso actual dado por los devotos de Bibiana La Rosa a la cueva de Maná, que a
su vez posee importante restos arqueológicos (Tejeda, 1971).
Haití y Jatt&tica: Desconocemos información sobre estos países.
Fserfa RjfQr De esta isla sólo conocemos la existencia de la cueva de Loiza
(Pina Peña, 1971: 1 £>9 y Veloz .& Ortega, 1973: 12).
Vttitxmid? En cuanto al uso T muestra, similitudes con tuba y República Do¬
minicana. tomo dato .sobresaliente podemos señalar el uso actual dado íl alguna
cavernas de interés arqueológico por grupos de creyentes de María Lienza (Fe-
ueiia, 1971; 145-46).
En el cuadro N ? 2 se presentan las localidades por países según antigüedad
atribuida y uso dado. Las categoría! cronológicas utilizadas corresponden a las
tres grandes épocas Paleo ludía, Meso India y Neo India.
Las cantidades anotadas toman en cuenta el hecho de que un mismo paradero
presenta -evidencias de épocas diferentes* por lo que en ese caso es coutabÜfcado
tantas veces como evidencias distintas hayan sido descritas.
Cuba (ver Cuadro 2), Las cavidades han sido para Cuba de grao im¬
portancia en el estudio y restitución de las caracteres! icas del hombre Paleo indio.
Resulta interesante el que gran número de las correspondientes a esta época fue¬
ron lugares de habitación, en contraste ton las del Neo Indio, casi todas ne¬
crópolis.
República D&mmúma.- El Paleo Indio Dominicano se conoce, en buena me¬
dida, por los vestigios localizados en sus cavernas; tal es el caso Je] complejo cul¬
tural "Paredones o Caleta II JF (BuyUE Moya, I yóO: 51).
Haití y Jamaica: Desconocemos información sobre estos dos países.
Puerto üictf; Solamente conocemos la existencia de una cavidad, cuya impor¬
tancia estriba en ser nn yacimiento Meso Indio.
Vtftttüeldi Todos los y imlentos datados corresponden a Ja época Neo India.
Se observa cómo las necrópolis ocupan e] primer lugar. El materia] local izado ha
servido para determinar cuatro estilos cerámicos de dos series diferentes (PrnERA r
1973),
44
1P77. BOL. SOC. VENEZOLANA E$PEt. 3 []S\
CONSIDERACIONES GENERA7.E5
Las cantidades del cuadro N 1 - 1 L, aunque sin información pata Haití y Jamaica,
permiten hacer ciertas afirmaciones en cuanto a las preferencias en el uso de las
cavernas.
El alto número de usos poco precisos, evidencia la falta de confiabihdad de
los materiales conseguidos en muchos yacimientos. La ausencia de criterios cien¬
tíficos en las recolecciones de campo, junto a. la falta de Lócnic&s de datacion para
el momento del hallazgo mas, en otros casos, la acción depredadora de los aficiú’
nados y coleccionistas, han hecho perder inestimables informaciones. Esta misma
situación se refleja tn el número total de paraderos datados del cuadro 2 y el
es significativaineüte menor que los totales del cuadro 1,
Destacamos el gran número de sitios Palco Indios de Cuba y República Do¬
minicana y la importante cantidad de ellos que fueron tugares de habitación, en
contrasto con k tendencia a ser necrópolis en el Neo Indio, Pensarnos que la
raión de esta modalidad, se puede deber, en parte, a las características ambienta¬
les propias de esa época y a k naturaleza de sos actividades económicas fun¬
damentales.
Llama la. atención la ausencia de registros Paleo y Meso Thdio en Venezuela,
lo cual es consecuencia, principalmente, de la falta de excavaciones sistemáticas
y dt lo poto exploradas que están todavía algunas regiones de nuestro país.
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Abril, 1977
NUEVAS FECÍiAS DE RADIOCARBON PARA LA CUEVA
DE EL ELEFANTE. ESTADO BOLIVAR, VENEZUELA
Por Mano Sanoja Obediente
Instituto de Jnmtigacioncg "Económicas
y Sociales, U.C-V.
Agilitado 5902?, Cañaras, líM
f Reubttío tu funtzu de 19? 7)
RESUMEN
En base a nuevos fechados de C 14, ha sido posible postulat um mayor antigüedad
pata los rcístuB arqueológicos encavados en la Cueva de El Elrfantc, pisoteándose U posibi¬
lidad do que mistan al menos dos ocupaciones distintas:
a) mía caracterizada por |a presencia de individuos que fabricaron ios artefactos sobre
lascas utilizando el jaspe coma materia prima y que correspondería quisas a una manifesta¬
ción carelifi dt? hi¿ pubJationís rctolcctaíaa de bttfyAM.
b) Otra ocupación posterior por parte de grupos ceramistas barrancoides y/o arauqui-
noides del Bajo Orinoco, las pinturas rupestres halladas en el abrigo rocoso de El Elefante
también revelan Ja presencia de un estilo pictóricn figumtJTO y Otro geométrico, mas casual,
aunque su asociación con alguna de las posibles ocupaciones ya mencionadas no puede
ase vertirse.
ABSTRAC1'
Hasftl on reoent C 14 dtftinj£i h it has hccn possible to postúlate a greater tmliquity fur
the artheulogical remaiiií dug al tile Cueva de El Elefante, and to puint out the pOMÍbility
of two difieren* occupations:
a) ílii efttly One characterized by Flake artifaití ici jaSper that wonJd corroíate with the
late remnanís of the gjitherers ^coups from Guayma.
b) a late oceupadon by ceramista jLproups. possibfy barrannid or afauqumoid, from the
Orinoco, The pnintinjís found o^er the ivalte of the rock shclter, ídso rei-eal rwo possíble
discinet pietnric stylc*: tme, íigurative; the other more casual, genmetríc- Tlie association of
tbis styles wíth nny or buth of the proposed occupations cannot be aseextainod.
1977. BOL. $OC VENEZOLANA ESPEl. S 0 5\
4s
El abrigo rocoso denominado localtncntc "Cueva de El Elefante", se halla
ubicado sobre ía vertiente oeste de una formación rocosa granítica que sobresale
unos 70 u Sü metros sobre las sabanas que bordean al rio Camní T aproximada¬
mente a 90 Kms, de Puerto Ordaz sobre la carretera Puerto Ürdax-Guri.
Una de las características más importantes de este abrigo rocoso, es la. pre-
senda de alfarería y artefactos Uticos en asociación con pinturas rupestres. La al¬
farería localizada en las excavaciones de El Elefante, corresponde de manera ge¬
neral al barranooide tardío o post-clisico (Sanoja & Vargas, 1 97O) y al arauqui-
tioide Je] Orinoco Medio, Por su parte* los artefactos Jítico5> casi todos fabricados
en base a Jascas de jaspe y Jas manos o percutores de cuarzo, presentaban aimililli¬
des morfológicas con Jos artefactos precerámicos de Rupununi y los de la Fase
Alaka P en el Distrito Noroeste de Guyana (Evans & Meggers, 19ó 0: 25-Ó4).
For otra parte, algunos artefactos similares en jaspe fueron hallados en eí sitio pre¬
cerámico de Banwari, Trinidad (Harjus, 1973), suponiéndose que k materia
prima utilizada para fabricar dichos artefactos fue traída desde la región guayanesa.
Partiendo del análisis del material y las comparaciones con otros sitios arqueoló¬
gicos del Orinoco, pensábamos ¿nidalmente que eJ complejo de artefactos liticos
constituía un elemento distinto al de k alfarería, testimoniando Ja ocupación del
abrigo por grupos de individuos diferentes y en períodos separados en el tiempo.
Esta, suposición se ba visto confirmada ya. La primera fecha de C 1-1 obtenida,
indicó una antigüedad de 1460 d.C. para el nivel 2 (0.20 0.40 ni) de la excava¬
ción 10 (Fig- 1) fecha que pensábamos podría estar Jalando la alfarería del sitio,
per o na ti conjunto tota] de artefactos. Dos nuevas Fechas para la excavación 1
situada unos 12 metros al ueste de la excavación 10, obtenidos en base a carbón
vegetal procesado por Teledyne Isotopes, proporcionaron una antigüedad de
m a.C para d nivel 2 (1-9522; 2440 ± 33 A.P.) y 370 a.C (L 9521;
2$2G =j= 100 A.P.) para d nivel 3 (0.40-0,00 cm). Gomo se observa, habría una
inversión en la antigüedad absoluta en relación con Jos niveles arbitrarios, hecho
que pudría imputarse a la naturaleza del suelo que contiene el depósito cultural.
Constituido fundamentalmente por un polvillo muy fino y de poca compactación,
y las posibles perturbaciones ocasionadas por los quelonios que buscan refugio en
dicho abrigo y por el hombre mismo. Es interesante anotar, por otra parte* que es
precisamente en la excavación 1 donde se han localizado k mayoría de los arte¬
factos fabricados sobre lascas de jaspe. Las fechas mencionadas anteriormente, co¬
locarían al sitio arqueo!ógico de El Elefante alineado con el Barrancas Preclásico,
planteando en todo casa la posibilidad de una supervivencia de grupos di reco¬
lectores sin cerámica ya señalados por CruxeNT {1£7L), basta los inicios de los
¡sentamientos agroa! fareros en el Orinoco a comienzos del último milenio a,C
En relación a las pinturas rupestres del abrigo, seria difícil asimilarlas con
uno u otro de los periodos señalados anteriormente. No obstante, un estudio más
NUEVAS FECHAS Di RaDIOCAE&ON
49
Eig. 2- As^iefro paitÚL de lis pictografías de la cura de TI Elefante
50
l?77. BOL. SÚC. VENEZOLANA E$PÉL. 0 |I5)
detallado de los elementos estéticos, podría revelar la existencia de dos tradiciones
pictóricas: una integrada por motivos con tendencia figurativa* más realistas y
mejor acabados y otra donde predomina el ttaicu y ios motivos geométricos. Dentro
de la primera tendencia pudrían integrarse las representaciones de seres humanos
danzantes, los dibujos o impresiones de manos donde se nota la ausencia de) dedo
índice, las representaciones zoomorfas (aves, venados, caracoles terrestres* lagar¬
tos, etc.) y de flechas o puntas de proyectil. Dentro de la segunda tendencia, los
motivos geométricos en forma de meandros* laberintos, etc. (Fig. 2). Mención
especial merece la presencia de símbolos solares que diversos autores han asimilado
con variantes de la cruz gamada (Wilsun, Í896* Sanoja & Vargas, sup. cit:
51 - 52 ).
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Washinglun, p. 7^3-T 0-11 r
B¿?i ., Sor. Venezolana Éspel. r S(L5):51-^tí
Abril, 1977
AJUMA, UN CEMENTERIO HISTORICO
DE LA ALTA GUAJIRA
Por Miguel A. Perora
Deptfítamcjitt) de Espeleología Hiatófka
Sociedad Veneciana de Espeleología
Apartado 462l h Car&cas 1í)l
í
Departamento de Arqueología y Etnografía
Instituto de Investiga CÍOlKí Económicas y Sociales
Universidad Central de Venezuela. Catatas tfl4
Ernesto Bnrges
Departamento de Espeleología Histérica
Sociedad Venezolana de Espeleología
Apartado rí<521 h Caraca* 101
y
Carlos A, Martín
Instituto di AílífOpil £ Historia
Facultad de Humanidades
Universidad Central de Venezuela* Caracas 104
Y
DcpartuilríltO de Espeleología. Histórica
StMTÍedad Venezolana de Espeleología
Apartado 66Z1, Orinas jOt
{Recibid* íw marzo dV 1977}
rf:se_:mrn
la despoblada región, casi desÉrtñ-a de ía Alta Guajira, presenta algunos abrigos rocosos
utilizados romo remencerios. Arimá constituye uno de estos osarios ya abandonados y tes¬
timonio de una costumbre guajira que tiende a desaparecer.
Por las características del material excavado., es posible afirmar que su antigüedad Se
enmarca entre la de los cementerios de caricrcr tardío, de las proximidades de Piragua ipoa
(siglo» XVI a XVIU) y aquellos que. Como Maz-qui* para 19^0 todavía eran utilizados
activamente. Estando mis certa de eslc Último que de Los primeros.
52
197?. BOL. SOC. VENEZOLANA É$PEL. & 115)
En el ENttCtriul Oeráuait:» funerario destacan como tccuicfig decorativas Ilí pifiLurU rujíl.
(impresión por tejidos, n sí c&jmo eJ ¿mflteíido, inciso y modelado en diüantaR íoririas,
Aspectos de ínteres son Jos eor/e^pondientes ¿L mnterLií óseo asociado y posible proce¬
dencia de los íestttó.
AHJ5TRACT
In the unpOpulated rtíea, almost deSeriic, uf the "Alca Guajira’", there exlst sume rock
shelreia used as cemeníerics.
A rima represent one of thcRe human honc deposit ñor used &ny mote which ate relies
of ü Guajira custom wícli Lrads io ditíippejr,
r L7ie characíeristirs of the excavated malcfiíl aSlows ui to affirm tltílt its age is betveen
ihül of Lbe laler ceiuenteiies rióse to Patüguaipoa fXVIth to XVIII th centuritü), and chut
uf sites, luch as Maz-qui, which tví re Rtill srtively used, evpn by 1950, birt rloscr to LÍie
Uter thun to lbe fonner.
Among the poftcry material die most ffim arquea ble diatacteristics of rht decofütive lech-
niqnes are- red paint, impresión, incisión, and fiü^erptint, amonjf Lrthers.
The hone material a-sscci ated with. the pottet} 1 ÍOlumÍ reptesent specia] interest ir weJL
as its possible origin.
INTROmiCClON
Hada 1973 n eI I3epartamento de Espeleología Histórica se planteó iniciar en el
Edo. Zulia, una serie de trabajo* en el ¿rea de su inferes. La primera de estas sali¬
das fue a la Alta Guajira y se realizó entre los días 1 5 al 19 de abril de L973> te¬
niendo como fin, hacer el levantamiento del abrigo rocoso de Maz-Ki o Masquin
descrito por Fleury Cuello (1953) y C.rltxpnt (1965), asi ramo el de Uriiu
paiiü (Ibidcm). Igualmente se perseguía ubicar nuevos cementerios guajiros de es¬
tas características. Lo infructuoso Je este viaje, debido a la falta de informantes y
baqueanos, nos obligó temporalmente a o neniar nuestro interés liada las cuevas de
la sierra de Perija (Piuuíra, 1974). Finalmente pudo repetirse Ja salida entre el
13 al 1& de agosto de L975, pero no con el propósito inicial, sino con el de exca¬
var el abrigo de Arimá o Morro de Las Calaveras, localidad de ubicación precisa
y distinta de Ja* referí das.
CONSIDERACIONES PREVIAS
Las primeras indicaciones de poblamienlo humano en el área, corresponde a
los, períodos más tempranos del Paleo Indio, entre los I4.ÜÜU a 12.0Ü0 años antes
de n r e,^ como lo evidencia el complejo Manzanillo, al sur Je Ja dudad de Mara-
taibo y las formas de vida de tipo sedentario más incipientes parecen ocurrir hacia
el 3-000 antes de n,e, (Sanoja# Vargas, 1974: 2U3).
ARIMA, un CEMENTERIO HISTORICO
53
Lü ocupación de k península de la Guajira por los dos grupos étnicos que
actualmente la habitan parece haber sido relativamente reciente (Wilbert,
IStál: 4).
Tanto Guajiros como Paranjauos son de filiación lingüística Arawab. Los
primeros ocupan toda la extensión de esta árida península con la snía excepción
de lx sierra de Macuira, donde señala GalLacher (1974; 3^-39) que .habitan
los Cocinas, que en sí, como ya lo veremos más adelante, no constituyen un grupo
aparte sino más b.'en el nombre con que lus propios Guajiros denominan a una
porción de su parcialidad, que por su actividad ha sido tradjcionalmente repudia¬
da. Los- Faraujanos representan un grupo más reducido en tamaño y distribución.
Las condiciones históricas y geográficas en que actualmente se- asientan Jas so¬
ciedades Guajira y Paraujaría representan casos singulares muy difefcEKes de las
culturas de tipo selva tropical que parece ser el habitat natural de grupos de su
misma filiación lingüística (Wilbert tpóh 6).
A juicio de Gallal¡jm-:r (sup. dt.), el grupo Guajiro presenta una proble¬
mática única en Sudamcrica por haber mantenido aspectos importantes de su pro
pía cultura, a la vez que ha adoptado patcrines de subsistencia totalmente diferen¬
tes a los suyos tomo son* el pastoreo de ganado bovino y caprino. T.ns testimonios
arqueológicos dejan entrever que estas tribus poseían para el iüomenió del con¬
tacto una cultura poco desarrollada, fundamentada en Ja agricultura* caza y pesca,
actividades que hoy sólo son desarrolladas por los subgfupos de menor capacidad
adquisitiva,
PuesLo que el lugar c^vavadi> se encuentra a orillas de la laguna de Cocí netas
(big 1), y esta región de la Alta Guajira estuvo parcialmente ocupada por los
Cocinas, estimarnos importante señalar algunas observaciones sobre el nombre de
esta laguna y las características del grupo en. cuestión.
hntre los primeros mapas de la Guajira y provincia del Río de Acha, confec¬
cionados en el siglo xviti (Moreno &. Tararon a, 1976), la laguna de Corinetas
aparece identificada como Tucacas, y la actual había de Turaras, en territorio co¬
lombiano, como Tucaquitas, Solamente en una carta geográfica de 17Ú9 vemos
que se k denomina Puerto de los Orcinas (sup. dt., 2ÓS),
Con respecto al caserío de Castilletes, ti más importante a orillas de c£la la¬
guna, pensamos que se trata de Puerto Estrella o Ptfroliwo (SjmOws. Ipil: 40ó).
La similitud fonética de esta voz con Parralie!#, que es el nombre con que hoy de¬
nominan los Guajiros a Castilletes (S alazar, 1971: 24) 7 brinda apoyo a nuestra
suposición.
Sobre los Cecinas, Salas ( 15 K>S- 234 ) y más adelante Ja i-rN [( 1927 ) 1973 ;
4j?"j, los incluyen dentro de los Guajiros, señalando que esta denominación es una
54
1977. BOL. 5GC. VENEZOLANA ESPEL. 0 (1 Sí
Fig. 1. Plano de ubkncLÓn de Arim¿ o NffUTO de Líiá calaveras
creación de Los mismos Guajiros pata diferenciar al grupo que tradidonalmenie se
dedicaba al pillaje tamo actividad principal. Anteriormente Simona (sup. rit.),
en la relación que hizo de slls viajes por citas tierras a solicitud del gobierno de
Colombia, entre y 18EH, anotaba esta situación y añadía que de entre las nu¬
merosas familias en que .se dividen los üuajiros, los Ipuanas, Ipíeyues y Sapuauas
son indios Cocinas. Las concentraciones más grandes de este grupo parecen Jia-
berse establecido en las Serranías de Quinas y de Macuira y cu puntos aislados de
la costa del Golfo de Venezuela, entre Cojcro y eJ Moján (Vi LA, 1957).
C'OSTt/MBRliS 1 UNIR ARIAS GUAJIRAS
Para los Guajiros, Jos velorios representan un importante acto social por me¬
dio del cual, se pueden llegar a derivar nuevas pautas de relación entre deudos
directos del difunto* familiares e invitados, así como una ocasión propicia de
reencuentro; de demostración del poder económico de Ja familia que invita al
"lloro” y de redistribución de bienes dd difunto entre los concurrentes (Folan-
ro, 195B).
Para Watsqn {1967: 2S), las conveniencias de tipo económico y político,
que refuerzan los lazos de unión de la línea matrilineaJ* predominante entre los
Guajiros, se ven consol!dados en el culto a los antepasados y en las prácticas fune¬
rarias derivadas de él. Manteniendo el sentimiento de unidad y continuidad de Jas
líneas de parentesco, como se puede ver en los cementerios exclusivos para cada
linaje y en los osarios comunes.
ARIMA r UN CEMENTERIO HISTORICO
55
Las costumbres funerarias alcanzan significación a todos los niveles de la so¬
ciedad guajira y como no runa comportan el doble enterramiento en el que se pue¬
den anotar a) gimas diferencias,
EJ entierro 1 'primario” supone los primeros 'lloros" o ¿trapaja acompañados
de abundantes cantidades de comida y licor. En esta ocasión e] cadáver es Javado T
vestido con sus mejores ropas, joyas y objetos* envuelto en cuero de res y colocarlo
dentro de la ranchería, mientras duran las lamentaciones, a veces en una hamaca
colgada de alguna, enramada o depositado en un ataúd, según la forma occidental
(WaTSQN, 197}; 37: PerkiN, L 9&7: 185).
Cuando el velorio dura numerosos días, e) cadáver es lavado y perfumado
frecuentemente.
En las casos de familia de escasa capacidad económica, el cadáver se en¬
vuelvo en su propio chinchorro dentro de una esterilla de enea y junto a él se
depositan provisiones de comida, licor, etc. (Turrado & Yenííamian, L95Ü: SI).
Este primer velorio finaliza con el enterramiento del difunto en cualquier lu¬
gar que no es definitivo, tomo la misma ranchería donde ocurrió el deceso. En
caso de ser trasladado, es acompañado por familiares y amigos hasta el cementerio,
donde pueden continuar los lloros y tener lugar competencias de tiro al blanco y
otras. Al concluir dejan algunos alimentos junto al féretro y varios familiares per¬
manecen durante algún tiempo en el cementerio para mantener viva una fogata
y atender a los invitados rezagados (Pcílancü, I95&: 201).
El segundo velorio o jsyarájáa íx.urrc en fecha cercana, al aniversario de de¬
función y al menos a los Jos o tres años de ocurrida £ Por anco, 1958; ‘W'atson,
I9Ó7, 1973; FruiiiN, 1976), aunque Turrado & Vegamian (jup, cit_: ü3) ha¬
blan de tan sólo un año.
En líneas generales este nuevo "lloro" difiere poto del anterior, si bien en los
grupos menos pudientes no se hacen reparticiones (Polancu, sup. cit.). La labor
de exhumación la realiza una pariente, quien lava los huesos con la cabeza y las
manos protegidas. Otra mujer los coloca en una urna funeraria de barro o en una
red muy cerrada (Perrjn, sup. cit.J. Las personas encarg¿ds-S de estas tareas dejan
de tocar ton sus manos alimentos y bebidas durante varios días (Tuwlado Sí Ve-
gamiak, sup. cit; 84). Después de exhumado d cadáver, es velado en la casa del
difunto, generalmente durante tres días y por último los despojos son depositados
en forma definitiva en el cementerio familiar ubicado en las proximidades.
En relación a estos cementerios, distinguiremos los que están en uso de aque¬
llos ya abandonados que ofrecen materiales de índole arqueológica.
Los cementerios actuales consisten en espacios preparados y protegidos con¬
tra. la intromisión de gente extraña y animales; para dio se hacen daros entre U
3Ó
1977 r BOL. SOC. V£WE¿OL^.NA E$PEL. fl (15*
maleza y se empalizan con distintos arbustos, o bien se utilizan abrigos rocosos*
tumo el caso do Maz-Kr o Masquin (Fleurv Cuello, 1953' Cruxeny, J9é5),
el cual era un sitio en uso cuan Jo fue visitado.
El Jugar más usual en que son guardados los huesos, consisto en ueia fosa
anión, que se consolida con materiales de construcción y donde se depositan todos
los restos a manera de panteón latbüiar, algunos con elementos cristianos comu
cruces o ermitas, lápidas, etc. (PüLANCO, sup, cit.).
Las urnas (jufá) individuales, se siguen confeccionando de arcilla, trabajo
casi oEvidado por los guajiros. Gali.a-uhfr (sup. cil.; J23U) observa que los hue¬
sos son depositados en su interior si ti ningún orden* llegando a romperse la boca
del recipiente si el tamaño de los huesos es mayor que su diámetro, después se
cubre el recipiente con una tapadera en forma de cuenco o usando fragmentos de
caparazones de quelonio, como se aprecia cu oí osario de Maz-Ki o Masquin.
El material cerámico está compuesto de vasijas globulares con fondos redon¬
deados y con decoración incisa y/o pintada en rojo sobre crudo* depositadas en el
suelo <» .senucnteriadas con Is boca al descubierto para permitir la entrada y salida
del alma del difunto (Watson* 19ó7, 1973; Gau.aüheíl, L974),
Es frecuente encontrar huevos pintados de rojo* que eran decorados con pos¬
terioridad a \ñ exhumación üallaghfr (sup. cit.), señala que esta modalidad de
encontrar entierros secunJarro?, con huesos pintados de rojo, se limita a fa costa
que se extiende entre Castilletes y Paraguaipoa y en cuevas y abrigos de la serranía
de Cocinas.
El cementerio más conocido, en un abrigo rocoso, es el de Maz-Ki y Masquin
en las cercanías de Cojurn. C Lando fue visitado estaba ocupado por un centenar
de urnas de Alfarería con tapaderas de tipo cuenco; junto a las urnas se pudieron
observar cajones de madera con carroña fresca. Los motivos decorativos del mate¬
rial cerámico, incluyen pintura en rojo e incisiones geométricas y en forma de gre¬
cas, todo típicamente guajiro (CruxenTj sup. cit.: 219). Para Flluhy Cuello
(1953: tí) ios restos humanos de este cementerio, pertenecen a miembros de las
familias Apushama y Uriana.
Sobre los cementerios abandonados, podemos mencionar el de La Gloria, cu
Paruguaipoa, que junto con los ¿itios de Laguna del Pájaro* Ayajui* Meschu-uw,
Arcváro, Guásiimlito, Wayamuiisira y Sichípcs, constituyen yacimientos tardíos de
lipu histórico sin conexiones precisas cun la cultura guajira moderna.
En general, estas localidades comparten características decorativas como la in¬
cisión, el corrugado, la impresión de tejidos, la pintura roja y el ahumado infcen-
ctonal, La antigüedad estimada de la. mayoría de ellos corresponde a ios siglos
XV], XVII y xvm (SaíJoja éfc Vargas, 1970: 33). Más recientes nos parecen los
AIÍWA, UN CEMÉNTELO HISTORICO
57
siete cementerios abandonados en las dunas próximas a Cojoru mencionados por
Vfgamian (sup. dt r ; 262 ) r En una de slls ilustraciones se pueden apreciar frag¬
mentos de urnas, osamentas y fragmentos de caparazón de quelonJos. Por último,
incluimos dentro de este grupo, el cementerio de Arim£ p objeto de este trabajo.
EL ABRTGO DE AREMA O MORRO DE LAS CALAVERAS
L’l sitio encavado se baila ubicado en eE Distrito Fáez del Estado Zulia^ en el
lado suroeste de k laguna de Cocinetas y a orillas de la misma (Eig r 1), en el
lugar conocido como Morro de las Calaveras, donde se enclava d hito fronterizo
cokimbo-venezolano 4 en los II o 4fí' 52" Lat. N- y 71 D 22 ? 06” Long. W.
(Salazar, 1971: 19). El cerro de forma piramidal y de 20 m aproximadamente
de altura, consiste en una formación de arenisca de grano fino ligeramente calcá¬
rea y con estratos intercalados de minerales arcillosos (Fig. 2).
En la base del murro* a ib2 m s.n.m., se desarrolla una solapa de unos 26 ni
de largo por zbl>5 m de profundidad, producto de Ja erosión marina y despren¬
dimientos rocosos. La zona excavada se encuentra en la parte central del abrigo
y detrás de una gran tuca c]ue forma un estrecho pasiIJo tfe poto más de 1 por 7
metros de largo en donde se localizó todo el material (Eigs, ó y 4).
EJ hedió de encontrar enire el mal erial arqueológico restos de plantas acuá¬
ticas de ía familia Hydroí h 1 1 riface v i i? ( Tb^úassia tetfitdinutn, Komi ti) , así como de
Fig. 2. Asnéelo gemtnd del Morro de ks Calaveras o Arlm¿ h desde k laguna de Con neta*
58
1977. BOL SQC VENEZOLANA ÉSPEL B |15|
fi£. Vista de la anfión tn la. solapa de Atintá
Fig, 4. Esquema de plflütrt de Atilllá señalando La ubicadíai de Las 4--uadríc:ulas y LuS
ertíciramientos excavados
A "RIMA, UN CEMENTERIO HISTORICO
59
gasterópodos marinos de agu^s poco profundas mftricdivm, IJorn) de as¬
pectos recientes, más la presencia de abundantes cristales de cloruro de sodio en
huesos y cerámica, itos permite pensar que el yacimiento pudo haber sido cuhicrto
o barrido por las aguas de la laguna en diferentes ocasiones a consecuencia de
mareas y marejadas.
La ranchería de Castilletes, Ja más importante, próxima a k laguna, se
encuentra totalmente aban donada y ks restantes aun habitadas representan uoa
población muy reducida, Alimpiachon^ por ejemplo, a 1,5 Km al 5W de Arimá, no
sobrepasa la docena de ranchos, Tapuli, 3 Km al SL de Arimá, contaba para 19I9
con 11 ranchos y 67 habitantes, Más distantes, Aípíapá no excedía a los fl() ha¬
bitantes, y Morchipá a los 60 (MiNTsrtnio de Fomento, 1950; Y lamían,
1951; Sa lazar, 1971).
MATERIAL Y METODOS
Como primera fase dd trabajo de campo se procedió a recolectar el material
de superficie que se hallaba en d piso del abrigo (l T ig, 5), Seguidamente se divi¬
dió k superficie en cuadrículas de un metro cuadrado aproximadamente. En cada
cuadricula se excavó hasta una profundidad de 0*20 m a a partir de la cual apareció
el manto estéril (l v ig r 6).
pj£. 5_ Detalle del material aflorad» y la demarcación de las cuadrículas
60
1977. BOL. $0C. VENEZOLANA ESPEl. Q |15|
Fi.fi. €■ CiüítrlíTilii 5 ¿c Ariniá
CiirJi ivrhtkd griteniltw . A7 htí
Yfttmiüü /., abarca un total de I .02^ fraímenlos cerámicos, una
\ad j.a -lí impitrt.r f marro fragmentada* (Pl r L). El material oseo está compuesto
por huesos identificado^ y una, gran cantidad Je fragmentos sin posibilidad
de identificar. Además se bailaron cinco cuentas de vidrio para collar* tres frag¬
mentos de placas córneas dorsales Je qudoruo {Chelo?} hi mydtí. r o Cure tía c^yell¿i) y
pupas de Hymenñptcm en el interior de algunos cráneos* fragmentos de moluscos
identificados como Aíjphn piol*thj f V,y\um mttrh¿ti$mi (Born), Bttlimttlüs fB#-
Im/fífffj rtH'Sr.vfffi £ Rí e vi ^ \ LKtrt-idat!
Mdterutl t'frámkf*
Método de manufactura: acordelado.
Desgrasante: cu general se observa h presencia de arena fina en unos rasos y
gruesa en otros.
Textura: Aspecto arenoso en la mayoría de los tiestas, con luí a distribución
regula c en lux tiestos finos t irregular en los burdos.
Color: Jel gri* claro ai gris oscuro, Jimkadua por bandas que varían desde
el marrón hasta d castaño claro.
AtfIMA, UN CEMENTERIO HISTORICO
61
Tratamiedito de la superficie; en Id mayoría de los tiestos se observaron mar¬
cas Je estrías dejadas por los instrumentos utilizados en el alisado de Jas super/i-
ríes, así romo una capa fina de engübe en la superficie interna.
En ambas superficies de algunos fragmentos de pánica y base se aprecian con¬
tras de cartón r
Técnicas y motivos decorativos; la técnica fundamental parece haber sido la
impresión digital, la entalladura (Centro de Pnsinas e pesquisad ahqijeoló
(íicas 1966 ; pl. 3 y d) y la impresión de tejido,
í.os motivos más frecuentes son el cadeneteadn en diferentes formas (Pl. 2)
en bandas estrechas cercanas a los bordes y paralelas a ellos.
Descripción de los bordes: en general se observan dos tipos de bordes: ex-
curvados y endurados. Dentro de los primeros* todos presentan un acintado en ¡2
Pl, 1. Vasijas funerarias octavadas en Arimá
62
íw;, bol. aoc. venezolana fsfel. a ii5]
base del labio y engrasamientos can terminales aguzados o apianados y son los
únicos con algún tipo de decoración plástica. En ios bordes encurvados no se ob¬
serva decoración y terminan en forma natural.
Descripción de las bases: cóncavas cónicas redondeadas.
Mrií erial ósea
El material úsen comprende tanto piezas óseas completas como fragmentadas,
muchas cun pigmentación roja* provenientes de la superficie del piso del abrigp y
de cada uno do íos enterramienLos excavados.
PL_ 2. Tratamiento de Superficie y decoración de Jns tiestos de Artfnó
ARIA**, UM CFMEWTEftlO HISTORICO
63
í,a muestra superficial esü Gonltltuida por SI huesos ccanplefcus y fragmentos*
constituyendo todu restos incompletos de ocho adultos* dos adolescentes y dos in¬
fantes. No se puede decir que sean o no parte de Jos restos haJJados en Jas diferen¬
tes vasijas.
Incluyendo adolescentes, eí material excavado corresponde a 21 adtiJtos (cinco
femeninos) y 19 infantes* cifra probablemente superior por h presencia en Ja
cuadrícula cuatro (F-7) de numerosos huesos de infantes* muy deteriorados que
no pudieron contabilizarse,
EJ análisis fue realizado por enterramiento Posteriormcnle se examinaron Jos
restos de toda la cuadrícula a fin de determinar si ios de una vasija se habían mcü-
dado con los de otras dentro de la misma cuadrícula, buscando con ello relacionar
los hallazgos. Hasn donde lo permite el examen osteológico, se puede afirmar que
no existe relación aparente entre los distintos enterramientos de una misma cua¬
dricula. Con excepción de Jas dos primeras cuadrículas* todas las demás contenían
material.
UttiemtfflUrtto 1 (Cttadrítula 3)> 119 huesos y fragmentos. Reséos de
dos adultos en e[ interior de una vasija fragmentada (Pl, L :4), sin bordes y de
base cónica redondeadas, con impresión de tejidos hasta su porción media y man¬
chas do carbón.
Enterramiento N* 2 {Cttndritfthi .5 }: 37 huesos y fragmentos, Resí os de ires
adultos (uno femenino) y dos infantes, junto con trece fragmentos cerámicos y
uq fragmento de placa córnea dorsal de qudonio utilizada como tapadera.
Eniifrsmimiñ j\ r ? i {CuMrkaU í): 79 huesos y fragmentos. Restos incom¬
pletos de un adulto y dos infantes junto cotí 30 fragmentos cerámicos.
Emí&rrámífttiti Nv 4 (Cuadrícula 3); ó3 huesos y fragmentos. Restos incom¬
pletos de dos adultos y un infante en el interior de una vasija globular (P3 r 1:1),
fragmentada, sin bordes* de base cónica redondeada, conteniendo un colorante mi¬
neral cuyo análisis espectrográfico determinó- como una mezcla, de tltfttaikn
(FciíOk) y Oxido verde (Green rust) (Fe* 4 Fe J + O, OHO- 9^ segurameníe
utilizado en Ja pintura de los huesos.
EttftN* 5 { Cuadrícula .5 }: SO huesos y fragmentos óseos. Restos
incompletos de seis adultos (dos femeninos) y tres infantes en d interior de una
vasija incompleta (Pi. i;2) de borde ateurvadb y base cónica redondeada, con
decoración cadencteada c impresión de tejido en la panza y en la base.
EnítmimtÉníñ N? ó {Cuctifrícuia 3).' 137 huesos y fragmentos, Restos de dos
infantes y dos adultos en el interior de una vasija globular incompleta con resi¬
duos do carbón adherido a sus paredes interiores.
1*77. &0|., $OC VENEZOLANA ÉBPÉL. B (15f
64
ñsfíí'frfftf/Fíiíff jY !> 7 {Cttddfkuln 4): 221 huecos y fragmentos. Reatos co^
rresfiOddicEites a siete infantes y tres ádultoi (uno femenino) en d interior de
una vasija (El. L:3) fragmentado* de base cínica redondeada, con muestras de
quemado poscocción y marcas de impresión en su superficie esterna.
EnrerramífWM N? 8 (Cx'tdrfculd .5): 22 huesos y fragmentos, rorrespou-
dientes a un adulto y varios infantes, sin poder precisar el numero exacto por Jo
deteriorado de ios restos, junto ton 30 fragmentos cerámicos, uno perforado (Hl.
2:1) y fragmento de placa córnea dorsal de que Ionio usado como tapadera.
Enterramiento jV-" 9 (CfJitdticnLt j): huesos y fragmentos. Resí os ínaun-
pldos de dos infantes y un adulto femenino junto con 71 fragmentos de cerámica.
CONCLUSIONES
El osario de Arimá comparte rasgos con los cementerios excavados por 5a-
noja & Vargas (1970) en las cercanías do Paraguaipoa F y con el de Maz-qui.
Con los primeros guarda parecido en cuanto a las técnicas y motivos decorativos y
con d segundo es importante señalar la semejanza física de la localidad, ambos
abrigos forraos y Ja pintura roja de los huesos y algunos fragmentos cerámicos.
Sin embargo* difiere de aquéJ en el hecho de que sus motivos decorativos ya ni)
son conocidos entre los actuales guajiros, mientras que los de Maz-qui Eira resul¬
tan hoy día aún familiares en la artesanía Je este grupo.
El estado general de conservación de los huesos, sumado al de los fragmentos
do caparazón do quelonios y de algunos gasterópodos hallados junto a Jos cntic-
rros d son elementos que nos sugieren ía idea de encontramos ante un osario rela¬
tivamente reciente, de más antigüedad que Maz-qui piro, desde luego, más tardío
que íos de Paraguaipoa.
El alto número de restos infantiíes, casi el 50 por cien Lo Je los individuos
identificados, deja lugar a pensar en altas tasas de mortalidad infantil entre las
poblaciones Jocalcs.
AQ K A DEC IM JUNTOS
Los autores de e$ülS ñutas quiere:! expresar su a£íadetimietlto al 13r, Adolfo Saladar
Quijada, de la sección de Nombres Geográficos de Ea Dirección de Cartografía NacioLUil del
Ministerio de obras Publicas, quien brindó la información sobre la existencia de este urarm
y acompañó a ln* íiutOies basta el sitio. A luí profettfinK de La Universidad Central de Ve¬
nezuela, Franco Urbani de la Escuela Je Geología y Atinas, Stephen S. TElict del Herbario
Gvalle.s de Ea Facultad de Farmacia, Juhani Ojasti del IciRtiígfo Je ¿teología Tropical de La
Facultad de Ciencias, y al tccnim Rcn¿ MarJnez de ese jnismo Instituto. Finalmente a Jas
profesoras Gentiane de Aiecliabfdcm y Alicia O. de ManCera, ambas dd Departamento de
A RIMA, UN CEMENTERIO HISTORICO
65
Biología Humana de] Instituto dt Investigaciones de la facultad de Fcnnomía y CítnóaR
Sociales, donde actualmente se encuentra eE material ¿seo excavado. por ru completa iden-
tiFicíicitfn.
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Ro{. Soc. Venezolana Es peí., 8( 15 ) ;67-7f>
Abrí, 1977
NOTICIERO ESPELEOLOGICO
MANIFIESTO CONSERVACIONISTA
FRENTE AL PROBLEMA DEL CARSO TRIESTINO
En el mes de noviembre del año pasado, un miembro -de esta, Sociedad
se encontraba. en Trieste, con el fin de hacer contactos con algún empánente
del ambiente espeleológico local, y para recorrer el altiplano que se encuentra
a espalda de Lt ciudad, mundialmeiite conocido tomo d "Carso TricstinoT
Cual no sería su asombro al enterarse que dicha región, donde los fenó¬
menos cársicos son tan típicos, tanto, que entendió sti nombre a todas las mani-
1 estaciones bipogeas del mundo, está a punto de ser intervenida por la mano
del hombre y es prácticamente inevitable su total destrucción.
La 5VE, buscando documtuíaree sobre el real alcance de Jos hechos, recibió
numerosos informes, de los que se deduce que la base del problema está en
un acuerdo enLre Italia y Yugoslavia para crear una Zona Industrial etl el alLi-
planu, inmediatamente al este de la ciudad de Trieste y a caballo de 3a frontera.
L’sia iona sería administrada, conjuntamente por ambas naciones.
Dicho acuerdo es el conocido como ''Tratado de Osuno' h , del nombre de
la localidad italiana donde los representantes de las du* naciones firmaron ti
acuerdo.
Tenemos entendido que la población de la. ciudad de Trieste recibió h
noticia con muy puco entusiasmo y el hombre de la calle en Trieste está con¬
vencido que la base de dicho Tratado deriva de los intereses económicos de
ciertos círculos italianos por montar industrias operadas por mano de obra
yugoslava, con lo cual garantizarían en alguna forma paz laboral, y Yugoslavia
la posibilidad de tener acceso directo a Ja Jrecnolugía occidental, Desconocemos
hasta qué punto dichas opiniones reflejan la realidad de ios hechos y ciertamente
no es nuestro principal interés. Lo que a nosotros nos preocupa es que Llevar y
cabo la proyectada *una industrial representaría la condena a muerte, definitiva
c irreversible del Careo.
1^7. BOL. SQC, VENEZOLANA E5FEL. e |I5)
6fí
En el mapa que se ane>;a se aprecia que la eniensión de Ea zona industrial
prevista por el Tratado abarta una superficie de 25 km-, Similar a la de la *ona
industrial de Hamburgo. AI lado Jel complejo industrial se crearía automática¬
mente una vasta ion a residencial y de infraestructuras, q Ue e | Xratado de Osifno
no menciona y que en asunto de algunos años iría ocupando ía totalidad de
Ja región cársica. Ya se sabe que con la tendencia moderna a evitar altas den¬
sidades poblacionales (justa por otro lado), se puede considerar que el área
residencial de un* población que gravita alrededor de una zona industrial es de
tres a tinco veces mayor que la ocupada por la industria. Sin embargo, es lógico
suponer que el proceso de industrialización, una vea iniciado, irla rápidamente
extendiéndose, interviniendo factores conocidos: especulación sobre el valor de
los terrenos, el deseo de aprovechar mejor Jas obras de infraestructura y Ja
ventaja de utilizar una concentración de mano de obra altamente especializada,
liste proceso desbordaría det arca inicialmenle delimitada y ocuparía todo el Carao
Tricstino y áreas vecinas. La experiencia enseña que en 20 años es posible que
el área originalmente proyectada se extienda más de 2f> veces.
UWflwión de* la zsniJ industrial sobre la línea fronteriza. A) pürdón italiana,
H) püfdún yugoalava
NOTICIERO FSPELEOLOGICO
69
La creación de un complejo industrial-residencial de estas dimensiones.
Ufaría a:
a) La destrucción total e irreversible del paisaje cársico y de su flora.
Solamente en la ¿ona italiana desaparecerían 227 cavidades.
b) La destrucción total e irreversible de la fariña subterránea (de las
cavernas, intersticial y acuática), bien por la inevitable infiltración de
descargas industriales altamente contaminantes, o por las infiltraciones
cloacales de la zona residencial y el manejo artificial de las anuías
pluviales.
La SV f * una ve 7 enterada de estos acontecimientos,
CONSIDERANDO QUE
1. El Cario Tricstino es la región donde los fenómenos cársicos se presentan
con mayor intensidad y concentración en todas sus manifestaciones típicas.
2 . En e$ia región nació la palabra n, Carso ,? . Aqui nació la Espeleología Física,
entendida como ciencia de los fenómenos de disolución de las rocas carbo¬
natadas y las palabras ’Carso”, 'cársico^ "carsismo”, etc,, han sido adop¬
tados por la ciencia oficial para definir e identificar todas estas clases de
manifestaciones, conjuntamente ron las palabras "dolina", ''ponor"* "polje",
ele., que vulgarmente se usaban en esta región para indicar los aspectos
más característicos del carsismo.
3- Científicos de todas parles del mundo visitan anualmente al C.arao de
Trieste, considerados por todos como uno de los paisajes cársicos más
completos que existe,
d. Solamente en el perímetro de la Zona Industrial delimitada por el Tratado
de Osimo se encuentran algunas de las cuevas más importantes del mundo,
como la Cueva de Trebiciano (que por casi un siglo detuvo cí record
mundial de profundidad), la Cueva de Padriciano, la Dolina de Orlck, la
Sima de Lípica, la Sima de los Cuervos* y algún centenar de cuevas menores,
Ja mayoría de ellas verdaderas singularidades geológicas. Otras 3.000 cucvíü
más quedan en lo restante del área, y serían condenadas a su definitiva
desaparición.
5. La flora cársica presenta endemismos únicos y el bcp&que de Lipica, que
cae dentro de la propia Zona Industrial, es el uliimo relicto de la vegetación
Original cársica.
ó. La fauna cársica adquiere en esta región su máxima importancia eu la
fauna subterránea ciega, perfectamente adaptada al ambiente hipogeo, repte-
70
1?77. BOL SOC. VENEZOLANA £$PEl_, & L15J
sentada por tmglobios casi siempre altamente endémicos* a veces hasta eí
punto que una especie o variedad habita. en una sola cueva. Quedando en
e) solo perímetro de la Zona Industrial* desaparecerán definitivamente e)
Typbh4hr£thui hilimüki térgestinm, el Caulomorphui reitteri y y muchos otros.
For la abundancia de la fauna subterránea y la relativa facilidad de encon¬
trarla, ios estudios sobre la Fauna Hipugea adquirieron fanJa importancia
que se puede decir que aquí nació fa disciplina científica conocida tomo
Bioespeleologia,
7. El Carso Triestino gozaba, sea en Italia como en Yugoslavia, de protección,
siendo declarado oficialmente parque natural.
Y FN VÍSTA nii QUE
es deber de todos los espeleólogos evitar que se altere o destruya una región
que representa un ecosistema único en el mundo, de ¡nsuslituiblc valor
científico, y que se puede considerar como patrimonio íTKital de los espeleó¬
logos de (odo el mundo,
ACUERDA:
pedir [a colaboración de lodas las sociedades y giupos espeleológicos del
mundo* y de la Federación para emprender una acción tendiente a lograr
que los gobiernos de Italia y Yugoslavia renuncien a la intervención indus¬
trial del Carso Triestino* entendido en su más amplia ofensión, y sometan
dicha región a un régimen de Falque Natural o Nacional bajo una legis¬
lación especial con garantía de organismos científicos internacionales y por
último brindar todo nuestro apoyo a los grupos tspeleoíógicos que por
elevar su voz de protesta, han recibido amenazas de restricciones económicas
para sus actividades normales.
Bol. Sor. Venezolana lispel-, 8(l!? 1 ) :71-77
Abril, 1977
NUEVOS COMENTARIOS SOBRE ESTUDIOS
REALIZADOS EN LAS FORMAS CARSICAS
DE LAS CUARCITAS DEL GRUPO RORAIMA
ABRIL 1977
Por Franco Urbani
INTRODUCCION
Debí tío al gran interés, por un público cada vez más amplio* que tienen
los estudios que se están realizando en las formas cársicas de las cuarcitas Pie-
cámbricas de) Grupo Roíaima, se ha querido continuar con los comentarios ini¬
ciados en 197 6 (Urbani* 197ú b) y que aparecieron en esta misma sección con
un tituio ligeramente difereníe. ” Comen tirios generales y estado actual de los
estudios de las formas tánicas de las cuarcitas del Grupo Roriima’. Fn esta
serie se irá resumiendo toda la información que se disponga sobre descubri¬
mientos de nuevas formas cársicas* estudios en progreso y bibliografía.
NUEVAS CAVIDADES EXPLORADAS (J OBSERVADAS
C&fvaj ¿A 1 Urütony 1 y 2
En marzo de í?77 ? "Wilmel Pérez La Riva, miembro de la SVE y medito
de la Comisión de Fronteras, se encontraba en la Sierra de Umtany* en las
cabeceras del río Piragua* cuando miembros participantes de la expedición cap¬
taron el ruido de guácharos* resaltando que a ¡acasos metros de la divisoria
de aguas que constituye La frontera venezolano-brasileña, en territorio venezo¬
lano* se abren dos cuevas* en el fondo de una amplia depresión* que denomi¬
naron cuevas Urutany 1 y 2, con 22S y 270 m respectivamente de dcsattollo
horizontal. Estas cuevas tienen galerías sumamente amplias y altas que consti¬
tuyen albergues para el Stettíortus c^mpensis.
La. cueva 1 tiene un rainal que subterráneamente trasciende la frontera
y se interna hacia Brasil por unos L5 m, De esta maneta* esta cueva se convierte
72
1 977 . BOL. SOC. VENEZOLANA ESPEL. E (15}
en una más, de aquellas poquísimas cavernas del mundo entero que se extienden
a través de fronteras intemacioníücik Estas cuevas se publicarán en d Catastro
Es peleo lógico Nacional en la próxima entrega de este Boletín.
CflWrfJ de l¿ meseta de Cu4iqu¡nima
Las cuevas de Guaíquiniina, ya señaladas en UaBANr (L97ób; 291-292)*
Inerón explotadas y estudiadas por P, Colvée y Bu Szczerbm en época de sequía
(articulo en preparación). Posteriormente fueron visitadas por los mismos geó-
]ogos p en époci de lluvia y Jas cuevas y simas estaban totalmente llenas de agua,
i orinan do así extensas lagunas, En esta oportunidad reproducimos una fotografía
aérea (Fig. L) en donde se observan las cuevas en Cuestión* notándose además,
que en este sitio convergen dos ríos* en dilecciones norte a sur, oeste a este y
después de unirse* penetran en el sistema subterráneo, el cual presenta diversas
apertura* al exterior por sucesivos derrumbes de la bóveda; la cueva final tío
presenta continuación y el agua Se infiltra a Iravés de los bloques del piso r
Más recientemente los mismos geólogos P, Colvée y E. Szczetban han
localizado otras cuevas de características semejantes aunque de dimensiones más
pequeñas en otros lugares de La misma meseta de Gusuquinima. Probablemente
para la próxima entrega de este Boletín podamos publicar un trabajo relacio¬
nado ¡i las cuevas de esta zona,
En mayo de 1977 se volvió a visitar esta '/una encontrándose las cuevas
i otal mente inundadas. En esla ocasión se pudo medir el pH del agua de efloorrcntía
que dio j,6 y el agua de lluvia recogida direcumcntc en su caída dio una lectura
de En la actualidad se está implementando una investigación de este fenómeno.
Cueva del Salió Eviobdrirti trf
SzíizbrbaN Jk ülBAMi. (1974: 40-41) señalaron que el fotógrafo K.
Weidmann había localizado una gran cueva, habitada por guácharos en las estri¬
baciones del monte Roraima. Posteriormente se pudo definir que dicha cueva,
en realidad se encontraba en la parte baja de un cañón^ que se extiende a poca
distancia aguas abajo deí salto Eutobarima del río Caroní, a algunos km en
dirección NW de Santa Elena de Uairén. Esla cueva, con un.a impresionante boca
de unos 25 m de alto (ver foto de Szcíerban & IJkbani, 1974: 41), fue
explorada por ’WiJmer Pérez La Riva y otros* quienes llegaron a ella por helicóp’
tero* el que después de penetrar en d cañón, soltó a los expedicionarios al río.
Esta cue \u no se levantó topográficamente y tiene un desarrollo máximo de unos
150 a. 200 m, no se observan galerías laterales.
rj^. 1. Fotografía aérea vertical de la mcscJíi de CjU iquiílima donde se observa la
presencia de ir» sistema do simas y cuevas. Escala aprnidmada 1:25.UOü, Misión
i>50L73 a vi&ra 649,. fcb. 196£ ? Dirección de Carto^tafía Nacional
74
1977l BOL SOC. VENEZOLANA E5PEL. B 115)
Cuevas de Santa Eíena de Uoirán
En marzo de 1977, eí mismo Wümer Pérez La. Riva, tuvo la Oportunidad
de visitar muy someramente un sistema de cuevas ubicadas en las cercanías de
Santa Elena de Uainém Consta de varias simas que comunican con el mismo
sistema de gaterías. Se ha estimado un desarrollo mínimo de 400 ¡n de galerías,
aunque promete ser mucho más largo. Estas cuevas se desarrollan en metaconglo-
mcrados y cuarcitas del Grupo Roraima.
Cuevas ubicadas d oeste de Cuanay
El Teniente Coronel (Av.) Hugo liortcl Ycasa, durante la realización de
la reciente expedición a Sarisariñama, nos señaló que en un tepui de las serranías
al oeste del cerro Guanay (Territorio Peder al Amazonas), observó en las paredes
verticales del cerro varias bocas de cuevas con aspecto similar a las del cerro
Autana, aunque sin atravesar k moni ana.
ESTUDIOS GEOLOGICOS EN" PROCESO
Petrografía y geoquímica
Tanto en eí Instituto de Petrografía y Geoquímica de la Universidad de Var-
sovia^ coma en el Laboratorio de Petrografía y Geoquímica de Ja Universidad
Central de Venezuela se han continuado los estudios de fas muestras de rocas
recolectadas en la expvdkiótt a Sarisarmama. Se espera que prontamente se pue¬
da publicar alguna contribución adicional sobre estos temas.
Termometria de indultóles
Pnvel Znvidzki (comunicación personal) señala haber estudiado varios cris¬
tales de cuarzo, procedente de drusas de la Sima de La Lluvia (Bn. 3) y por geo-
termometría de inclusiones, señala temperaturas de cristalización entre IZO y
130° C.
Mwerdogfa de Espeíe&temas
Cueva del Cerro Autana (Am. ItJ
Sobre esta cueva se acaba de publicar un artículo sobre los espeleotemas de
aspecto coraíinoideo constituidas por ópalo, calcedonia y calcita ( Urbanj, 1976 a).
Todavía está en estudio una cspcleútetna de la tllisüla cueva de un mineral muy
tico en aluminio, el cual aún no ha podido ser identificado.
NOriClEBO ESPELEOIOGIC0
75
Simas de S¿rritárbitiffi¿t {Bo . V, 2 y 3)
Aún se esta trabajando con las muestras de espeícotcnias de ópalo, calcedo¬
nia, óxidos de hierro (goetiiít y hematita) y de litiofurita.
ESTUDIOS HIDROLOGICOS EN PROCESO
Debido a los estudios que se están llevando a cabo en la cuenca del río
Caurrtj pata su posible aprovechamiento para fines hidroeléctricos» los profesiona¬
les que laboran en dicho proyecto, entre ellos P. CoJvée y E- Szcicrban» están ins¬
talando estaciones meteorológicas en varias mesetas de Ja parte suc de la cuenta.
Recientemente acaban de instalar una de tales estaciones en el centro de la meseta
de Sarisarmama, a una distancia aproximada de BOU tn de la Sima de la Lluvia
(Bo. 3); dichas estaciones tienen registradores mensuales.
NUEVAS PUBLICACIONES
UftBANl (197tí C L ), Kuczynsky (3 976) y DKjA, Szf-KlíLY & ZAWinZKl
(1976) lian publicado breves artículos divulgativos en idioma, inglés, polaco y
húngaro respectivamente, donde se hace un recuento de las actividades desarrolla*
das durante la expedición a Sarisariñama de 1976, resumiendo además parte de
Jos resultados geológicos.
Ueeani, Zawhjzki & Küisak (1976 a), publican un articulo sobre Jas face¬
tas geológicas de las resultados disponibles si la fecha, de la expedición st Sarisa-
riñaim. Los mismos autores presentaron previamente un resumen do dicho trabajo
ante la Convención Anual dt la Asociación Venció]ana pata el Avance de la
Ciencia (UrevaNi, Zawcdzicj & Kojsar» L97ób).
Notj (1975) pública un libro en d cual presenta en un estilo periodístico y
novelado lo acaecido durante el descenso a [a. Sima Mayor de Sari sari ñama (Bo. 1)
cu la expedición de la S.V.C.N. de 1974. En la presente oportunidad, el autor de
estas notas no va a comentar sobre dicho libro, sino que reproduciremos a conti¬
nuación y en forma textual, parte de unos comentarios publicados por Russell H.
G ti mee. Gi.irnee (1976) comienza su revisión con algunos comentarios genera¬
les sobre la organización de ía expedición, participantes, etc., y luego continúa:
"Tt is not quite clcat why David Nott was invited to make tbe pít desceñí.
Wiiiie bis experience as a mountain clunber appears to be considerable (he had
previously dimbed Angel Ralis and Auyan Tcpui), as a caver he had not previmis
to ttds eipeditiou iit a Carbide lamp or dimbed a de JoJy Jadder,
"The frustrating thing to a speieologist is the author's journalistic pcnchaüi to
dramatizo the obvious and to ohscure tbe qnestiem that would appear to be uppci-
most to any caver: tíDoes the pit go?&j
1977. BOL. SOC VENEZOLANA ESPEt. 3 (15|
76
"The substance of the bouk describes what happened whcn three men de¬
scended the pit —and then found they cuuld not get out. It is rather libe the
man ir bis pijamas who goes out to get che milk on a Sunday moming and locks
hijTiseXf out of the house, Tt ¿5 embattassing; hut it shuuldn’t go otj fui six days.
”fn that tíme the thf« men tnade demonstrative use of the sophistícatcd corn-
munkatiuns cquipment, and culíccted botánica] and gcological specimens. There is
a vague reference lü a feeling of kssitude that thcy attrihule tu posible carbón
dioxide poisoning,
”If you can aocept the Perils-of-P¿y]inc dcscriptions given by the autlior and
you do not mind the adventme approach ajid different faets ftom thuse given in
altcady-published Venezuclan articles, you wili find this an ínteresting story r Un-
fortunately thetc are no maps or sketches, and it ¡s difficult to visuahze (be actual
problema cncountered.
”Thie scientifk resulta of the expedítion are stilí beiftg analyied. The prelimi-
naiy repnrts of the biologists, arnithüiogists, geologists and botanista ahow an
ama/ing array of new materia]. It is un fortúnate that the first Englisb report is so
sketchy and haphazard regarding the speíeologkal aspeets. This may be simplistic-
but the book can be summed up: ti Three men went down in a hule* muddled
armmd for six days and carne out». Unfortunate; fur Sarisariñama is a fiscinating
and poten tially excíting cave región"-
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Ai&VAC, Puerto La Cruz, Nov. 1976.. Arta Ciextéfrta Vfftixoiava. Veri. 27, Supl 1:107-
VISITA A CUBA
izn la segunda quinten a de noviembre de 1976, vísíló La Habana nuestro
jefe del Departamento de Espeleología Histórica, Licenciado Miguel Angel Pe^
rera. Allí eniró fcn contactu ton representantes del Departamento de Arqueología
de la Academia de Ciencias de Cuba y del Departamento de Geografía do la
misma Institución, al cual está adscrita Ja Sociedad Espeleología Cubana.
En esta oportunidad, el T.ic. Perrera hizo entrega al De, Pedro Cañas. Abril*
quien fuera Secretario del Simposio XXXV Aniversario de i a Sociedad Espeleoló-
gica Cubana, de una colección completa, de BuEcbncs de Ja Sociedad Venció)ana
de Espeleología, dedicados a la Academia de Ciencias de Cuba.
Asimismo, el Lie Percfa departió con integrantes del Grupo Espeleología
Mattel y con el Grupo Carktí de la Torre, de La ciudad de Matanzas. Estos en¬
cuentros resultaron muy positivos para td estrechamiento de relaciones en los me¬
dios espeleoJógioos latinoamericanos, pues hubo conversaciones y acuerdos intere¬
santes sobre posibles visitas de ambas partes,
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NOTICIELO ÉSPELEOLOG1CO
S5
CATASTRO E5FELEOLOG1CO Dli VENEZUELA
Am 1 Abrigo del Cerro Las Queseras, 5(2): 9%
Am 2 Abrigo 1 de la Quebrada de MirabEd. 3 {2 ) : 99-100,
Am 3 Abrigo 2 de la Quebrada de MírabaL 3 (2) ■ 100.
Am 4 Abrigo del Cerro Guayabal, 3(2) : LOO.
Am 5 Abrigo 3 de la Quebrada de Miraba! 3(2): 102.
Am 6 Cueva del Rincón de los Goajiros. 3(2): ] 02.
Am 7 Cueva Norte de La Esmeralda, 5 (10) : 1 59.
Am S Cueva Sur de La Esmeralda, 5(10): 160.
Am 9 Cueva Pintada de La Esmeralda. 5(10) r 160,
Am 10 Cueva de Shilnrau, 5(10),- 161,
Am II Cueva del Cerro Autana T 7(13) : 31-E5-
An 1 Cueva det Agua. 1(1) : 25-29^
An 2 Cueva Seca o del Encanto; 1 (1) ; 30, 4(2) : 18L-LS4.
Ar 1 Cueva de Quebrada Honda. 1 (i); 3Ú-36.
Ar 2 Cueva de Los Murciélagos. 2(1) : 15-18.
Ar 3 Cueva Sao Sebastián, 4(1); 39-41,
Ar 4 Sima de Loma del Medio o Paso del Medio. 4(1) : 4L-45.
Ar 5 Gruta N? 1 deí Abrigo de Loma del Medio. 4(145^16,
Ar 6 Gruta N g 2 del Abrigo de Loma.del Medio. 4(1) : 46-47,
Ar 7 Sima de Miraflores. 4(2) : 134-186,
Ar 8 Gruta de Mitaflores. 4(2) : 186.
Ar 9 Sima dd Cetro La Cocuisa. 4(2) : 186-188.
Ar 10 Cueva del Cerro La Cocuisa. 4(2): 188.
Ar 11 Cueva El Faldeo. 5(1): 79-80.
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1977. BOL. &QC. VENEZOLANA E5PEL 6 [15J
Smna Mayor de Sarisariñama, 7(13): 36-S7.
Sima Menor de Sarisartñanja. 7(13) : 3S-96 r
Sima de La. Lluvia, 7 (13) : 97-99-
Cueva de Los Caimitos N* L 3(3): 179.
Cueva de Los Caimitos N- 2 r 3(3) - 179-130.
Cueva de Los Caimitos 3- 3(3) : 130,
Cueva de Los Caimitos N* 4, 3(3): 180-182.
Túnel del Castillo de la Cumbre. 3(1): 11.
Cueva de Li Reina. 3(2): 104.
Cueva de) Via Cruda. 3 (2): 103-106,
Cueva de la falla de Caruao. 4(1) r 47-43.
Cueva Pardillal o Cueva de Noguera, 4(1) : 43,
Cuevas de Las Tubitas I. 4(1): 43.
Cueva N* l de Playa Huerique. 4(1): 51,
Cueva N? 2 de Playa Hucnque, 4(1): 51.
Cueva de Playa Arrecife, 4(1): 51-J3.
Cueva de La Planta Eléctrica de Ciooia, 4(2) : 139.
Sima del Hoyo de La Cumbre, 6(11) : 33-34.
.Sima de Agua Duke. 1(1): 36.
Cueva de Los Fdroglifos, 3(2): 106-107,
Cueva B-O. 3(1): 31-32,
B-2 Sn. 3(2): 107-108.
B-3 Sn. 3(2): 108 r
B-4 Sn. 3(2): LOS-lia
B-3 Sn. 3(2) r 111.
B-6 Sn. 3(2): 111-112.
B-7 Sn, 3(2): 113.
Cueva de Los Indios. 3(2): 114-
Cueva Hacienda El Castillo, 3(2): 115.
Cueva de Lo* Lagartos. 3(3): 132.
Cueva El Guano, 3(3): 182-136.
Sima N* 1 de El Guano, 3(3): 136.
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NOTICIERO E5FELÉOLOGICQ
37
Sima Nfl 2 de El Guano. 3(3): 186-187.
Cueva de Santa Ana N fr 1. 3(3): 187-188,
Cueva de Santa Ana N* 2. 3(3): ISS.
Cueva Acaritc. 3(3): 189-189.
Cueva La Doloríta. 3(3): 139-4 9 L
Cueva Coy-Coy de Una, 3(3): 191-195.
Cueva El Tigre, 3(3): 193' 195- -
Cueva N^ 1 del balneario El Pico. 4(1); 53-54.
Cueva N g 2 del balneario El-Pico. 4(1): 54-56,
Cueva N* 1 de Mayorquines. 4{l): 56-57,
Cueva Grande de Mayorquines. 4(1): 57-60,
Cueva de Llardo o La Qievita; 4(1): 6'L-
Cueva Cómbete í. 4(1): 61-62,
Cueva Cómbete N* 2. 4(1): 63.
Cueva de Piedra Honda o San José de Cecodlte. 4(2): 189-191.
Cueva de Cas Chuces, 4(2): 192,
Cueva N * I del río Hueque, 5(l)*f 81.
Cueva de La Quebrada del Toro. 5(1 >■: 91-84.
Cueva resurgencift de la Quebrada del Toro. 5(1): 84-37,
Cueva de Ja Discordia. 5(1): 87-&9.
Cueva de la Discordia N* 2. 5(1): 9ü.
Cueva de Urfcina, 3(10): 161-163.
Haítón de Arenas. 5(10): 163-165,
Sima de Los Chucos, 6(11): 33-36.
Cueva B-5- 1(1): 36,
Cueva B-6, 1(1): 38.
Cueva B-7, 2(1): 18.
Cueva B-8, 2(1): lfi^20.
Cueva E-2 r 2(1): 21-22.
Cueva N* 1 del Peñón de los Morro*. 5(1) ■ 91.
Cueva N* 2 del Peñón de los Morros. 5(1): 91.
Sima Ni 1 deJ Peñón dé Los Morros. 5(1): 93.
Sima N’ 2 del Peñón dé Los Morios, 6(11): 55,
Sima Ni 3 del Peñón de Los Morros. 6(11):. 35-38.
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1 P77_ BOL. SOC. VENEZOLANA ESPEL. a |15)
Cueva dd Pirata o La AzúLía. 5(1): 97^98.
Cueva de La Brújula. 1(1): 3B-39.
Resutgcncía de la Cueva Waltet Dupouy. L ( [ ) : 40-41,
Cueva Walter Dupouy, 6(12): lld'119-
Cueva en la Quebrada Marasmita N" L 1(1): 42.
Cueva en la Quebrada Matasmíta 2. L(l): 42,
Cueva en La Quebrada Mmsniíta. N ? 3. 1 (1), 42-44.
Cueva en la Quebrada Matasínita N* 4. 1(1) : 44,
Cueva del Túnel 4 r 1(2): 107.
Súma del Túnel Cuatro, 1(2): 107-108,
Sima Jaspe. 1(2): 1 08 r
Cueva Caldera. 1(2)- IOS-110.
Cueva de Batuta. 1(2): 110-112.
Cueva La Gruta. 2(1): 22-25,
Cueva de La Esmeralda. 2(1): 26-27.
Cueva de Los Carraos, 2(L): 27-28.
Cueva de La Guanta N* l r 3(1): 11-13.
Cueva de La Guaiila N* 2. 3(1): 13-16.
Cueva de La Guairita N* 3- 3(1): 16-[8,
Cueva de La Guairita N* 4 r 3(1): 18-20.
Cueva de La Guairita N* 5. 3(1): 20-21,
Cueva de La Guairita N* 6. 3(1): 21-23-
Cueva de La Guairita N* 7. 3(1): 23-26,
Cueva, del Pío. 3(1) : 26 r
Cueva del Verrato. 3(1): 27-28,
Cueva del Indio. 3(1): 2E^29.
Cueva de Las dos bocas, 3(1): 30-31-
Cueva del Indio N* 2. 3(3): 195-196.
Cueva del Indio 3- 3(3): 196.
Cueva de las Canteras Sur de Bamta. 3(3): 196-193,
Cucya El Sifón. 3(3): 198-199-
Cueva El Refugio. 3(3): 199.
Cueva La Cascada. 3(3) : 199-200.
Cueva L del Peñón N* 3- 3(3) : 200.
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NOTICIÉtfÜ ESMLfOLOGlCD
m
Cueva. 2 del Peñón N* 3. 3(3): 200-202,
Cueva 3 del Peñón N* 3. 3(3): 202.
Cueva Alfredo Jahn, 4(1); 63-72.
Cueva de Quebrada Seca. 4(1): 73^74.
Cueva Cnnent. 4(2)^ 192-196.
Cueva N" 1 de la Quebrada Palacios. 4(2) : 196.
Cueva N* 2 de h Quebrada Palacios, 4(2); 196-197.
Cueva Cajigal, 4(2): 197-201,
Cueva de Ña Plácida, 4(2); 201-204.
Cueva Ricardo Zuloaga. 4(2): 204-207.
Cueva Figueroa, 4(2): 207-208.
Cueva N f i del Peñón de Tglesttas. 4(2) ; 208.
Cueva 2 del Peñón Je Iglesita*. 4(2); 208-209.
Cueva Corral de Piedra, 4(2); 209-210.
Cueva de la calle Las Ursulas, 4(2); 211,
Cueva de T,as Huesos, 5(1): 98.
Sima del Peñón de Barlovento, 5(1); 9^-100.
Cueva de ígksítas, 5(10): 165-166.
Cueva del Guácharo. 1(1): 97-107. 3(2); 116-131-
Sitna La Feiipera. 3(2): 131-132.
Sima de Hilario. 3(2): 132-133.
Cueva Saífoot, 3(2); L34 r
Cueva Gloria, 3(2): 135-136.
Cueva del Pedregalito, 5(2): 137-138-
Cueva del Corso. 3(3}: 202-203.
Cueva Quijano. 3(3): 203-204,
Cueva Morocoirna. 4(1): 74-75.
Cueva de Pancho León. 4(1): 76-77.
Sima del Güimo. 4(1): 78-79.
Cueva Eduardo Rohl. 5(1): 1Ü0-10L.
Cueva de La Boca. 5(1): 101-102.
Cuevita de la Montaña. 5(1): 102.
Sima de Bastimento N ü 1. 3(1): 105.
Sima de Bastimento N* 2. 5(1): 105-107.
17
IB
19
20
21
1
1
2
3
4
5
6
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14
15
16
17
1577 r BOL- SOC VENEZOLANA ESPEL. 6 L15]
Cueva Ojo de la Pava, 5(1) : [07-JOS.
Cueva 1 de Guaiapiiche. 6(11); 39-41.
Cueva Grande de Antón Goering. 6(12} i 119-126,
Cueva Ciará; 7(14); 2S3-2&4.
Cueva Sucia y Mala. 7(14); 2S4-28E,
Cueva del Piache. 6(11): 4l-43 r
Cueva A, 3(3): 205-
Cucva Jóse Gregorio Hernández (Cueva B). 3(3): 205-207,
Cueva C 3(3): 207.
Cueva. D. 3(3): 207.
Cueva del Palacio Je la, Reina María Lioim, 3(3): 207-209.
Cueva del Palacio del Rey Maximiliano Pereira. 3(3): 2Ó9,
Sima G. 3(3): 209-
Cueva de la jabiUa. 3(3): 211-212.
Cueva dd Palacio del Rey Gudícaipuío. 3(3) : 212-214.
Cueva de Los Gavilanes. 1(2): 113-1 IB.
Cueva Udóa PércE. 3(3): 214-215.
Cueva de Cerco Verde, 4(í); S0-&1 r
Cueva Francisco Zea. 4(1): 82-37.
Cueva de los Pezones. 4(1): 87-SB.''
Cueva de ICunana o de Areimata. 5(10}r 166-1 69-
Cueva Ayajpaima o de Nonapma. 5(10) : 169-
Sima N 1 ? 1 del Cerro Viruela. "5 (10) r 166-169.
Sima N? 2 del Cerró Viruela. 5(10) ; 170.
Sima N* 3 del Cerro Viruela. 5(10); 170-172.
Sima N g 4 del Cerro Viruela. 3(10): 172 r
Sima N* 5 dd Cerro Viruela. 3(10): 172-173,
Sima N* 6 del Cerro Viruela. 5(10); 173.
Sima N* 7 dd Cerro Viruela. 5(10); 173-175,
Sima N'* 8 del Cerro Viruela, 5(10) : 175-176.
Cueva de Los Huesos, 5(10): 176-177.
Cueva de La Guacamaya. 5(10) r 181.
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IMPRESO DI.’RAN'I'E JUMO DE 1977
EN LA IMPRENTA UNI VERS1T ARIA DE LA
UNIVERSIDAD central DE VENEZUELA
SOCIEDAD VENEZOLANA DE ESPELEOLOGIA
DIRECTIVA
PRESIDENTE
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TESORERO
VOCAL
SUPLENTE l
SUPLENTE 2
Juan A. Tronchoid
Cirios Tinoco
Jesús Perdía
Üdo&rdo Rarelo
Franco Urbani
Ernesto Borge$
Marcos Sandoval
JEFES DE DEPARTAMENTO
CATASTRO:
ESPELEOLOGIA FISICA:
BJOESPELEOLOGIA;
ESPELEOLOGIA HISTORICA:
BIENES Y SERVICIOS:
Francisco Perca
Franco Urbaní
Odo&rdo Ravelo
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Sociedad VmkoImu de Espeleología
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i h Sondad Vea«oíaos de Espeleología, Apartado € 621 , Caracú 101, Venezuela.
INDICE
Editorial.*.. 3
ESPELEOLOGIA FISICA
Espehotemas de calcita ( f *lublinitd T ) f yeso j de materiales de guano f cueva
L¿t Milagrosa, Venezuela, Franco UrbanI. 1
B1OESFELEOL0G1A
Spel&phryniti bordo ti i nueva especie de amhlipigios de la f¿mitin Chatón -
Udm r en una cueva de Venezuela (Aradmlda: ÁiabUpygy). Odoar-
dn Revelo Pérez. . . í 7
Le Sis Ñero Eeige y pata la meseta de SaAsari ñama Y Estada Bolívar t Vene-
meta. RudoJf Feige..*. 27
ESPELEOLOG I A HISTORICA
Aplicación del método colágeno en el fechado de las localidades es pe leo-
arqueo logic¿ts de ía costa norte de Matanzas. Ercilo Vento C- ¿t Re¬
migio Quinteto S. 31
Algunas consideraciones generalas sobre los trabajos as psicológicos reali¬
zados en el área del Caribe, Miguel A. Perora. 39
Nueras fechas de radiocarbén para la cues-a de El Elefante, Estado Bolívar,
Venezuela. Mario Saaoja O.. . . . 47
ArimAy un cementerio historie o de la Alfa Guajira r Miguel A, Pcreta; Er¬
nesto Bo-rge? & Carlos A. Martin.. 51
NOTICIERO ESPEUOLOGLCO
Manifiesta c o nséroste ton i ifa frente al problema del cario tries lino . 67
Nuevos comentarios sobre estudios realizados en las formas cársicas de las
cuarcitas del grupo R&raitmL Abril 1977. Franco Urbani. 71
Visita a Cuba .. r , . . 77
Indice general- del Boletín de la Sociedad Venezolana de Espeleología 1967-
f977, Vol. 1 (1) a VoL $ (15) . 79
Catastro Es peleo lógico de Venezuela . 85